Scouting de plata: Real Valladolid

Así les fue en la 2010/11

Apostó el Real Valladolid, en su retorno a la segunda división, por un técnico joven e inexperto como Antonio Gómez. Un hombre que había sido jugador y que venía de acompañar a Rafa Benítez en su experiencia británica. En Liverpool, para más inri, era el encargado de dirigir al Reserves, una suerte de equipo a caballo entre guardería de infantes y hospital para jugadores de la primera plantilla con problemas físicos o psíquicos.

El que fuera jugador de Real Madrid -debutó con el primer equipo con Jorge Valdano en el banquillo-, Sevilla o Albacete inició la temporada con tres victorias ligueras consecutivas, en las que el equipo anotó ocho goles y no recibió ninguno.

Un bagaje de tres únicos puntos en los cuatro partidos siguientes, acompañado de decisiones y declaraciones difíciles de comprender pusieron al madrileño en la picota. Presa de los nervios, Carlos Suárez decidió destituirlo después de caer ante Xerez por cuatro goles a cero y frente al Cartagena en el Nuevo José Zorrilla en un partido que sirvió para homenajear a Víctor Fernández.

Torres Gómez cogió su relevo de forma interina, logrando un empate en su única jornada al frente del primer equipo. El verdadero relevo, Abel Resino, llegaría una jornada después. Su debut se saldó con una nueva derrota, en un encuentro loco en el que el Numancia se llevó tres puntos de Zorrilla tras vencer por cuatro goles a cinco.

El equipo siguió en caída libre hasta la jornada veinticuatro, en que rindió visita al Nuevo Colombino. En el descanso se produjo la llamada “Conjura de Huelva”, charla de la que nada ha trascendido, salvo que Mehdi Nafti -pese a ser un recién llegado- fue el precursor.

La victoria frente al Decano, del fútbol español, segunda a domicilio en la temporada, precedió otras dos frente a Betis y Elche, antesala de dos nuevos tropiezos (un empate ante el Albacete y una derrota frente a la UD Las Palmas). No fueron los últimos, pero sí el mayor bache hasta final de temporada.

Parte importante del resurgir fueron Jordi Figueras o Antonio Barragán, jugadores hoy de primera y con los que Antonio Gómez apenas había contado; junto a Nauzet Alemán, Javi Guerra o dos de los cuatro fichajes realizados por el Real Valladolid en el mercado invernal. Uno de ellos, William Ferreira, no pudo ni tan siquiera debutar por culpa del enésimo despropósito de la temporada: un retraso en la firma por un quítame de aquí estas comisiones.

Incluso sin él, sin un delantero que permitiese dar descanso a Javi Guerra, el equipo fue hacia arriba, y pudo incluso meterse en el play-off algún puesto por encima del séptimo definitivo de no ser por las derrotas sufridas ante Tenerife y Huesca en las últimas jornadas.

El equipo llegó a la promoción de ascenso subido en la cresta de la ola. De ella cayó de bruces, como si en lugar de agua, el mar fuese de hormigón. Después de la victoria en el partido de ida de la primera ronda por un gol a cero, la pregunta de si Abel había encontrado la clave o la clave lo había encontrado a él flotaba en el ambiente.

Poco participativo, ni en su mejor momento al frente del Real Valladolid logró meterse a la afición en el bolsillo. Tras la derrota en Elche, en la que un arrebato de locura le hizo lanzarse a tumba abierta a por el rival aún con la eliminatoria a su favor, la pregunta encontró su respuesta: la clave había encontrado a Abel.

Los astros, alineados unas cuantas veces a su favor, nada pudieron hacer ante los errores de Javi Jiménez -titular durante el último tramo de campaña bajo palos- y la permisividad de Amoedo Chas ante el otro fútbol desarrollado por los de Bordalás. El partido en el Martínez Valero se convirtió en un repaso a una temporada que en condiciones normales podría haberse considerado de transición, buena, incluso, pero que por un cúmulo de cosas finalmente fue definida como un delirio decepcionante.

 

 

Qué se espera de ellos

Terminada la temporada, se preveía marejada o fuerte marejada en el horizonte blanquivioleta. Antes de su conclusión, incluso, los rumores apuntaban a una reestructuración de la institución, bien provocada por un cambio de cierto calado en el Consejo de Administración o por -algo que parecía más complicado- una reorganización del accionariado en forma de compra parcial o total de la SAD.

José Antonio García Calvo era señalado por los mentideros de la ciudad como posible encargado de asumir un puesto, el de presidente, del que se daba por hecha la salida de Carlos Suárez. El rumor, en muchas ocasiones antesala de la noticia, comenzó a cobrar fuerza cuando éste convocó a los medios de comunicación con el afán de explicar el nuevo proyecto deportivo, alegato que nadie se creía.

Entonces, saltó la sorpresa. Flanqueado por el alcalde de Valladolid y por el presidente de la Diputación, en el momento en el que todos esperaban que de sus labios saliese un “me voy”, anunció no ya su permanencia en el club, sino que en adelante mandaría él, sólo él y nadie más que él.

Vueltos los ojos a las órbitas y encajada de nuevo la mandíbula de propios y extraños, la noticia pasó a ser el entrenador. Tras debatirse sobre la idoneidad de que éste u otro comandase la nave de bandera blanquivioleta en el camino de vuelta a la primera división, en el momento en que más cerca parecía estar Esteban Vigo, Suárez firmó a Miroslav Djukic.

Es un proyecto a tres años, se dijo en su presentación. El ascenso, siendo deseado, no es objetivo prioritario en esta primera temporada. Lo primordial es conformar un bloque que aprenda y sepa competir, formado en su mayoría por jóvenes valores a los que, a medio plazo, poder sacar una rentabilidad económica que sanee las cuentas del club.

Bajo esta premisa llegaron los anuncios de los fichajes de Fran No, Saná Camará, Dani Aquino, Víctor Pérez, Razak o Mikel Balenziaga o de la subida al primer equipo, al menos temporal, de los canteranos Felipe y Toni. A ellos se les sumaría después el central zurdo Jordi y la renovación del capitán del Promesas, Pablo Gómez.

Javi Jiménez pudo seguir este guión, pero su retraso en la firma de renovación llevó a la dirección deportiva (¿?¿?) a firmar al venezolano Dani Hernández, procedente del Real Murcia, como compañero de Jaime Jiménez, hasta la llegada de Fernando Varela único hombre dado de alta como veterano de guerra.

En en capítulo de bajas, Jacobo y Álvaro Antón salieron sin hacer ruido, en busca de demostrar que no son eternas promesas estancadas. Pedro López y Justo Villar recogieron el guante lanzado por equipos de superior categoría, Fábio Faria volvió a la tierra de los fados sin alzar la voz y Fabricio y Héctor Font no hicieron ni tan siquiera el ademán de volver a sentarse en el salón blanquivioleta.

Después de declaraciones varias reclamando hacerlo en equipos de mayor nivel, Nauzet Alemán y Javi Guerra terminaron resignándose a su permanencia como aquel niño que, triste, acepta que su madre no le lleve a jugar al parque. Del grupo que se hizo fuerte en el último tramo de campaña, cerrado el mercado, “sólo” sobre Javi Jiménez, Jordi Figueras y Antonio Barragán se colocó la cruz del ausente.

Comienzan los vallisoletanos su segundo año consecutivo en la categoría de plata con apenas dos centrales natos, un lateral derecho y siete mediocentros en nómina (más Baraja y Rueda), descompensación que refleja las dificultades que el mercado ha puesto a la hora de buscar una salida a la sobresaturación -y, por ende, de poder firmar a algún refuerzo más- y del deseo de Djukic de contar con hombres de perfiles muy variados en la zona ancha del terreno de juego.

Por contra, el hecho de contar de tres cuartos en adelante con Marquitos, Jofre, Óscar González, Víctor Pérez, Sisi, Nauzet Alemán, Alberto Bueno, Daniel Aquino y Javi Guerra, convierte al Real Valladolid en el equipo con más pólvora y variantes ofensivas de toda la categoría.

Con estos mimbres, por más que el ascenso no sea una obsesión a corto plazo, los blanquivioletas han de intentar por lo menos repetir clasificación para el play-off. A priori, Almería, Hércules y Deportivo de La Coruña pugnarán por las dos plazas de ascenso directo a la primera división. Sin que ello lleve a la ansiedad, luchar con ellos, o por lo menos estar cerca, debe ser el objetivo a cumplir.

 

 

El míster: Miroslav Djukic

 A pesar de su juventud, llega avalado por su experiencia en las dos selecciones principales de su país y por tres equipos de primer nivel en tres países distintos, el Partizan serbio, el Mouscron belga (donde coincidió con José Salcedo) y el Hércules de Alicante.

Con los alicantinos, ahora compañeros de viaje, en los apenas diez partidos en que se sentó en el banquillo no pudo obrar el milagro de la salvación, debido a la evidente fractura existente en el vestuario provocada por el endiosamiento de varios de sus jugadores, con los que Djukic se las tuvo tiesas.

En Valladolid debe refrendar la sensación dejada en sus equipos precedentes, la de ser un técnico con proyección, amante del fútbol de presión y toque y de un fuertísimo carácter. Así leído puede parecer una quimera de entrenador. No así si uno tira de hemeroteca y ve sus declaraciones de intenciones a su llegada a la capital del Pisuerga y la mano dura que demostró en el Hércules con Royston Drenthe.

Está más que acostumbrado a dirigir a jóvenes jugadores, algo que el club pretende que vuelva a hacer en los tres años que tiene firmados. Contribuir a la formación y evolución de esos jóvenes será su cometido, sin olvidar que al final del camino han de haberse logrado unos resultados que irán apremiando a cada año que pase.

Si acierta a combinar los mimbres que posee con su concepción del fútbol, “El Almirante” cumplirá con los objetivos que se le han marcado. Seguro.

 

 

Los soldados de Djukic

Jaime (Ciudad Real, 1980). Dorsal: 1. Primera temporada.

Después de ser uno de los verdugos del Real Valladolid, pasa ahora a ser amigo. Con su firma, se cierra una vieja aspiración del conjunto pucelano, que ya intentó hacerse con sus servicios cuando defendía la meta del Zamora.

 En Elche se hizo con la titularidad tras la salida de Willy Caballero en dirección a Málaga. Pese a ser discutido en sus inicios, terminó a un altísimo nivel. Veloz y ágil, va bien por alto y en el uno contra uno. Su hándicap, el juego de pies.

 

Dani Hernández (Caracas, Venezuela, 1985). Dorsal: 13. Primera temporada.

Portero alto, espigado, llega para cubrir la vacante de Javi Jiménez, quien curiosamente ha acabado en su equipo de procedencia, el Real Murcia. Es internacional con Venezuela, pero cuenta con pasaporte español.

 Apenas jugó el último año, pero cuando hubo de hacerlo, demostró una conexión con el equipo digna de elogio. Por su físico, acostumbra a ocupar más los palos que su compañero. Destaca -lógicamente- en los balones por alto.

 

José Salcedo (Albacete, 1990). Sin dorsal. Primera temporada.

Completó la temporada con el primer equipo junto a Jaime y Ion Villanueva, en el intento de convencer a Miroslav Djukic -entrenador con el que coincidió en su experiencia en Bélgica-  de su valía.

A la sombra de Javi Jiménez desde su llegada al club, ocupó los palos del filial con su ascenso al primer equipo. Intentó emular al logroñés, pero los fichajes de Dani Hernández y Ion Villanueva le cerraron las puertas del equipo.

 

Marc Valiente (Barcelona, 1987). Dorsal: 4. Segunda temporada.

Hablar de Marc Valiente es hacerlo del mejor defensa del Real Valladolid en el primer tramo de la pasada temporada. Su buen estado de forma se truncó por culpa de una lesión. Luego, una vez recuperado, no volvió a alcanzar el mismo nivel de juego.

Tras la salida de Jordi Figueras debe ser el compañero de fatigas de Juanito. Perteneciente a la generación de Messi, Piqué y Fàbregas, debe confirmar el potencial que se le intuía gracias a su depurada salida de balón.

 

Juanito (Cádiz, 1976). Dorsal: 5. Segunda temporada.

Llegó el pasado mercado invernal para conformar, junto a Nafti y Matabuena, la guardia pretoriana de Abel Resino. Aportó un plus de contundencia y jerarquía a una zaga que no andaba precisamente sobrada en experiencia.

Comienza a notar el paso de los años, pero sigue demostrando sobre el césped las credenciales que le llevaron a ser campeón de Europa con la Selección Española. Debe ser uno de los pesos pesados del vestuario y “profe” no sólo de Valiente, sino también de Rueda, Jordi o Mongil.

 

Jesús Rueda (Badajoz, 1987). Dorsal: 6. Segunda temporada (3ª en total).

Pese a no ser titular, fue uno de los más perjudicados por la salida de Antonio Gómez. Terminó sumando apenas apenas doce partidos, por lo que puede decirse que la vigente debe ser la de su consolidación como blanquivioleta.

Su puesto natural es el de medio defensivo, pero la posición de central no le es conocida. Es contundente y seguro en el juego por alto. Puede faltarle toque para ser centrocampista. Para ser central, le sobra.

 

Javi Baraja (Valladolid, 1980). Dorsal: 8. Octava temporada.

Probablemente este verano haya sido el único desde que se desenvuelve como profesional en el Real Valladolid en el que los dedos no le señalaban pidiendo su salida. Probable, y merecidamente, huelga decir.

Desde que Javier Clemente decidió colocarlo en el centro del campo se ha destapado como hombre de corte y confección. Sigue sirviendo igual para un roto que un descuido, por lo que no se descarta que juegue algún partido como central. Y que cumpla, huelga decir.

 

Carlos Peña (Salamanca, 1983). Dorsal: 17. Segunda temporada.

 Si hubo dos jugadores que se destaparon con la llegada de Abel Resino, esos son Antonio Barragán y Carlos Peña. El zurdo, ex de Recreativo y Albacete, había llegado con la etiqueta de ser el defensivo dentro de la pareja de laterales que formaba con Guilherme. Equivocada.

Ciertamente se desenvuelve bien en esas labores, pero conoce bien el oficio de jinete. Escoge bien sus galopadas, pero siempre que se producen su aparición sorprende a la zaga rival.

 

Fernando Varela (Sevilla, 1979). Dorsal: 19. Primera temporada.

 La salida a última hora de Antonio Barragán con destino Europa llevó al Real Valladolid a realizar una incorporación no esperada, la del carrilero diestro salido de la cantera del Real Betis Balompié.

Como Juanito, con quien coincidió como verdiblanco, debe llevar galones dentro y fuera del campo. Dentro, por su dilatada trayectoria. Fuera, para enseñar el oficio a Tekio y Felipe, noveles que deben hacerle sombra en el carrilero diestro.

 

Mikel Balenziaga (Guipúzcoa, 1988). Dorsal: 24. Primera temporada.

Llega para completar y disputarle el lateral izquierdo a Carlos Peña procedente de Bilbao, donde no terminó de explotar. Sin embargo, en el Botxo no han perdido la fe en sus posibilidades, como demuestra la opción de recompra que han querido mantener sobre él.

Por su clara vocación ofensiva puede actuar incluso como interior. No obstante, en esa posición pierde, pues por su velocidad hace más daño llegando que estando. Defensivamente, mientras tanto, aún debe mejorar.

 

Felipe Alonso (Valladolid, 1993). Dorsal: 28. Primera temporada *.

 Todavía en edad juvenil, afrontará su segundo año completo en el filial con la aspiración de que Miroslav Djukic tenga en cuenta su evolución en forma de los minutos que Varela, ya veterano, no pueda disputar.

Pasa por ser, junto a Víctor Mongil, la más firme promesa  salida en los últimos años de Los Anexos. Debe mejorar en la cobertura de los pasillos interiores o sus incorporaciones en estático. Portento físico y de buena técnica, tiene margen para eso y más.

 

Sergio Blázquez, Tekio (Murcia, 1990). Dorsal: 29. Primera temporada *.

Probablemente ni en el mejor de sus sueños Sergio Blázquez, Tekio, pensase a la hora de firmar su contrato como jugador del Real Valladolid Promesas en lo que le esperaría tras la salida de Antonio Barragán.

A pesar de la convocatoria inicial de Felipe para realizar la pretemporada con el primer equipo, fue llamado a filas por el almirante Miroslav, y todo apunta a que disputará bastantes minutos con el primer equipo, gracias a su capacidad de llegar a línea de fondo y centro preciso.

 

Jordi López (Alicante, 1992). Dorsal: 30. Primera temporada *.

 Central o lateral zurdo, destaca por su fuerza y polivalencia. Estuvo en la preparación por las carencias mostradas por el primer equipo en el flanco izquierdo de la zaga.

Con el fichaje de Balenziaga y el descubrimiento de Mongil por parte de Djukic parece poco probable que actúe con el primer equipo esta temporada, pero es otro de los llamados a hacer cosas importantes en el Nuevo José Zorrilla. Colaborarán para que así sea, sin duda su rapidez y buena salida de balón.

 

Víctor Mongil (Valladolid, 1992). Dorsal: 32. Primera temporada *.

Si hubo un jugador que salió perjudicado del intercambio de Fabricio por Fran No, ése fue sin duda Víctor Mongil. El suyo era uno de los nombres marcados en rojo para empezar a ser visibles en el Nuevo José Zorrilla, y sin embargo, el llamado para trabajar con los mayores fue en ex bético.

No obstante, como en ocasiones el fútbol también entiende de justicia, en las postrimerías de la pretemporada Miroslav Djukic pasó a seguir más de cerca, en diversos entrenos, las evoluciones de un central seguro por alto, pegajoso en la marca y con una gran jerarquía sobre el césped.

 

Sergio Matabuena (Santander, 1979). Sin dorsal. Segunda temporada.

Se le firmó en el pasado mercado invernal con la intención de que a medio plazo pudiesen imponérsele galones de líder. Hoy día, a pesar de encontrarse sin ficha, su presencia tiene ya un cierto calado en el vestuario.

Ideal para una transición como la vivida en el último tramo de la pasada temporada, por características humanas y futbolísticas parece menos idóneo para formar parte de un proyecto que pretende destacar por su juventud y proyección.

 

Ismail Razak (Accra, Ghana, 1989). Dorsal: 2. Primera temporada.

Anthony Annan. Kwadwo Asamoah. Michael Essien. Derek Boateng. Sulley Ali Muntari. Stephen Appiah. Derek-Prince Boateng. Alexander Tettey. Mediocentros. Ghaneses. Como Ismail Razak, recién llegado a Valladolid procedente de las Islas Feroe.

Poco importa lo exótico del fichaje. Con tanto nombre y tan variado, ¿quién duda a la hora de firmar a un centrocampista ghanés? Carlos Suárez, al menos, no. Su rendimiento es una incógnita, pero poco hay que perder con un hombre comparado -por los pocos que lo conocen- con Derek Boateng.

 

Marcos García, Marquitos (Ibiza, 1987). Dorsal: 3.  Primera temporada (2ª en total).

La salida del ibicenco parecía cantada, pero su empeño por conquistar a Miroslav Djukic le sirvió no para hacerse con el corazón del serbio, tipo frío donde los haya, pero sí al menos con un puesto en su plantilla.

Suficiente, máxime tratándose de un jugador que ha llegado a jugar tres temporadas en primera con asiduidad, pero que no termina de confirmarse como el fino interior zurdo que en él se adivinaba cuando debutó con el Villarreal.

 

Nauzet Alemán (Las Palmas, 1985). Dorsal: 7. Tercera temporada.

 A pesar de sus seis goles, la imagen que dejó en su primera temporada, la del descenso, no fue la mejor. Bastante irregular sobre el campo, fuera de él se labró una fama que poco tiene que ver con lo que demostró en su segunda campaña como blanquivioleta.

La inició con la afición en su contra, después de unas manifestaciones pidiendo su salida que se repitieron este verano. Poco duró el desencanto. En cuanto empezó a dedicarse a lo suyo, a jugar al fútbol, se convirtió en el acompañante perfecto de Javi Guerra.

 

Óscar González (Salamanca, 1982). Dorsal: 10. Segunda temporada (5ª en total).

 Por más que su vuelta significase la del hijo pródigo, a muchos decepcionó que Carlos Suárez considerase su fichaje la guinda del pastel. Sin embargo, parece difícil considerar tan maduro otro refuerzo antes de abrir el melón y comprobar su valía (caso de Guerra).

 Madurez es, precisamente, la palabra que define el fútbol que desarrolla el salmantino. Después de un inicio irregular, terminó imponiendo su clarividencia a la hora de jugar y hacer jugar, la de, probablemente, el mejor mediapunta de la categoría.

 

Jofre Mateu (Lleida, 1980). Dorsal 11. Segunda temporada.

Como Iker, Marchena o Xavi, su fútbol también es de reserva del ochenta. No por no saborear las mieles del triunfo en el mundial sub-20 y los anteriores perdió la consideración de gran promesa en Can Barça, máxime cuando debutó en el primer equipo haciendo gol.

Entonces los entrenadores no tenían la valentía de hoy día con los chicos de La Masía, y tuvo que buscarse la vida fuera de allí, con suerte dispar en función de la categoría en que se encontrase. Veloz, hábil, incisivo y ya veterano, buscará en Valladolid dar su salto definitivo a primera.

 

Lassana Camará, Saná (Bissau, Guinea Bissau, 1991). Dorsal: 12. Primera temporada.

 A pesar de ser -junto a Ismail Razak- el movimiento más desconocido realizado este verano por el Real Valladolid, es, probablemente, el que más expectación ha generado. Fue titular con Portugal en el pasado mundial sub-20, donde sólo Brasil pudo con una selección que giraba en torno a él.

En la final se mostró como lo que es, un jugador de escaso físico, pero que ve el fútbol a las mil maravillas. Rápido, creativo e incisivo en el último pase, toca y conduce sin ser derribado, gracias a su bajo centro de gravedad.

 

Jorge Alonso (Salamanca, 1985). Dorsal: 14. Segunda temporada.

 Pocos mediocentros se han visto con tanto talento en Valladolid en los últimos años como Jorge Alonso. Los mismos, o incluso menos, han crispado tanto a la afición con una frialdad inusual en un centrocampista.

Se asocia en corto, cambia el sentido del juego, llega a posiciones de remate, lanza faltas y penalties… pero, en muchas ocasiones, desconecta. Cuando lo hace, su nivel, que podría ser de primera división, decrece hasta límites insospechados.

 

Mehdi Nafti (Toulouse, Francia, 1978). Dorsal: 16. Segunda temporada.

Es un dromedario de dos patas. Como los cuadrúpedos de Túnez, es infatigable. Trota sin cesar durante los noventa minutos a lo largo y ancho del terreno de juego. Sin alcanzar una velocidad extrema, pero aburriendo extremadamente al rival con su presión.

Llegó en el pasado mercado invernal con Juanito y Matabuena, y en cuanto tuvo oportunidad se hizo con el bastón de mando de un vestuario que, gracias a su perseverancia, volvió a creer en que el ascenso era posible.

 

Álvaro Rubio (Logroño, 1979). Dorsal 18. Sexta temporada.

Siempre en voz baja y sin manchar. Así desarrolla Álvaro Rubio su fútbol. Así se hace indispensable año tras año, por más que sus detractores pretendan hacer ver lo contrario. Porque, aunque pueda dolerles en prendas el reconocimiento, cuando Álvaro no está se echa en falta su voz y pulcritud.

La pasada no fue su mejor temporada como blanquivioleta, pero a buen seguro buscará sacarse la espinita de no haber podido apenas aportar en una campaña en la que la competencia será feroz en la zona ancha, pero también estimulante.

 

Carlos Lázaro (Valladolid, 1990). Dorsal: 20. Tercera temporada.

Se le sigue esperando. Y se le esperará todo lo que sea necesario. Su potencial bien lo merece, por más que su dichosa rodilla derecha se empeñe en buscar motivos para dejar de creer en un centrocampista de sus características.

Corta, toca, crea, llega, corre… o, por los problemas físicos que arrastra desde hace más de un año, nada que se le asemeje. Si la tercera artroscopia a la que ha sido cometido resulta la definitiva, su margen de mejora puede llevarle lejos.

 

Sisinio González, Sisi (Albacete, 1986). Dorsal: 21. Tercera temporada (5ª en total).

 El hijo futbolístico de José Luis Mendilibar terminó de hacerse mayor la pasada temporada, en la que debió tirar del carro en muchos momentos, ya fuese actuando en la derecha, en la izquierda, en la mediapunta o incluso como centrocampista.

De corazón rebelde, es veloz, gambeteador y generoso en la entrega. Su competencia con Nauzet es la más sana que se recuerda en una posición, la de extremo derecho, en la que ningún equipo puede presumir de tener dos jugadores así.

 

Víctor Pérez (Albacete, 1988). Dorsal: 22. Primera temporada.

 Decía Onésimo, como disculpa por no alinearlo en Huesca tanto como su calidad invitaba a hacer, que Víctor Pérez ostenta demasiada categoría como para jugar en su equipo, más rocoso que fantasioso.

Es uno de los ojitos derechos de Carlos Suárez, que ve en él a un grandísimo jugador a medio-largo plazo. Para convertirse en ello, en el corto ha de luchar por un puesto en el once con nada menos que Óscar González. Técnico, con gran visión de juego y disparo exterior, capacidad para ello tiene.

 

Javi Guerra (Málaga, 1982). Dorsal: 9. Segunda temporada.

Hablar de Javi Guerra es hablar de varios delanteros en el cuerpo de uno. Es uno más de los The Killers cuando entra en el área y amenaza a los centrales. Se mueve al ritmo de cumbia y pasodoble en tres cuartos y caído a banda. El jazz se adueña de él cuando forma parte de la elaboración del juego.

Después de protagonizar el culebrón del verano, debe reengancharse a la dinámica de grupo. En cuanto lo haga, volverá a ser el delantero goleador y resolutivo que asombró el año pasado, seguro.

 

Alberto Bueno (Madrid, 1988). Dorsal: 15. Primera temporada (2ª en total).

 Después de su cesión al Derby County parece otro. No sólo por la madurez que demostró en pretemporada, sino porque el salirse del foco mediático le sacará de encima la enorme presión que tenía sobre sí el año de su debut en primera.

Por la proyección que se le intuía en Chamartín, llegó a ser comparado con Raúl, pero hasta la fecha no ha demostrado el oportunismo y la lucha del eterno siete madridista. Sí su capacidad para hacer gol y una habilidad con el cuero en los pies difíciles de igualar por cualquier jugador de la categoría.

 

Daniel Aquino (Murcia, 1990). Dorsal: 23. Primera temporada.

Con sus apenas diecisiete años, el hijo del que fuera jugador de Betis, Rayo o Murcia, Daniel ‘El Toro’ Aquino, salió al ruedo de primera división señalado como una de las más firmes promesas del fútbol nacional.

Pese a prometer mucho, lo cierto es que ‘El Torito’ se ha estancado hasta tal punto de no ser, aún, la mitad de lo que se esperaba. En Valladolid tendrá una oportunidad de oro para hacerlo, aunque Bueno, Guerra, Marquitos y Jofre no se lo pondrán fácil.

 

Mateus A. Contreiras, Manucho (Luanda, Angola, 1983). Dorsal: 25. Primera temporada (2ª en total).

 “Si viene del ManU, tiene que ser bueno”. No hubo frase más repetida en el verano de 2009 en relación al fichaje de Manucho por el Real Valladolid. Como si Ferguson y sus ojeadores fuesen infalibles.

Por mil y una cosas, él y el descenso son indisociables para afición y club. En cuanto se le encuentre acomodo, saldrá sí o sí.

 

 

Entradas y salidas

Altas: Djukic (entrenador, Hércules), Saná (Benfica), Jaime (Elche), Aquino (Murcia), Víctor Pérez (Huesca), Balenziaga (Athletic), Dani Hernández (Real Murcia), Razak (NSI) y Varela (Kasimpasa).

Bajas: Abel Resino, Fabricio (Betis), Jordi (Rayo Vallecano), Faria (Benfica), Álvaro Antón (Cartagena), Justo Villar (Estudiantes La Plata), Pedro López (Levante) Jacobo (Asteras Tripolis), Héctor Font (Recreativo), Barragán (Valencia) y Javi Jiménez (Real Murcia).

Sobre Jesús Domínguez

Director de Blanquivioletas. Productor de #HacemosCantera, en esRadio Valladolid. Sígueme en: @JesuDominguez.