De leyes, concursos y acreedores

Mientras el fantasma de la Avenida Mundial ’82 sobrevuela las inmediaciones Nuevo José Zorrilla, varios clubes españoles se encuentran inmersos en un proceso bastante real para unos e irreal para otros.

 

Cuenta la leyenda que existe desde hace ya algún tiempo un fantasma sobrevolando las inmediaciones del Nuevo José Zorrilla. Atípico y exhibicionista, amenaza con quitarse la sábana y dejar al descubierto las posibles vergüenzas adquiridas por propietarios y dirigentes en los últimos años.

Cuenta también que en realidad estas vergüenzas no existen. Que no estamos tan mal, como diría un afamado presidente que jugó a ser político antes de ser juzgado por unos actos considerados por quienes antaño permitieron que hollase cumbre como poco diligentes. Que la culpa es de un señor que cree que Hacienda somos todos, y que como El Real Valladolid forma parte de ese todo, debe pasar por caja como cualquier hijo de vecino.

Hacienda ahoga, se dice. Y si Hacienda ahoga, no se descarta que el Real Valladolid tenga que acogerse a un proceso por el que otras Sociedades Anónimas Deportivas han tenido que pasar para rendir cuentas, de una forma más o menos generosa para según qué acreedor y qué club.

Un claro ejemplo de lo que pueden llegar a apremiar las deudas puede encontrarse en el Club Baloncesto Valladolid. En el mundo del fútbol, el paradigma de la ley bien aplicada es el Racing de Santander, a quien los administradores judiciales no permite salirse un solo centímetro de la línea de gasto y pago que ellos marcan.

Así debería ser en toda aquella sociedad que entre en concurso, y sin embargo no lo es. Si lo fuese, seguramente la resignación del aficionado cántabro no iría acompañada de un sentimiento que cabalga a lomos del caballo de la indignación y del corcel la envidia a otras empresas futbolísticas con quien la benevolencia ha sido y es mucho mayor.

La antítesis a la aplicación de la ley concursal es el Real Zaragoza, un club cuya deuda ascendía en el momento de acogida a dicha norma a nada menos que ciento diez millones de euros de deuda, y al que sin embargo se le ha permitido el pago de más de ocho millones por su guardameta Roberto.

El dopaje económico en el que los zaragocistas -con el fichaje de Roberto y los demás jugadores puestos este verano a las órdenes del ‘Mariachi’ Aguirre’- incurrieron no fue en realidad por su cuenta y riesgo, como el propio club reconoció, sino que fue realizado por un fondo de inversión del que, curiosamente, forma parte el máximo accionista de la entidad.

El maño es el caso más sangrante del fútbol español, pero no el único. Al amparo de Dixian 2009 SL y de los acuerdos de cesión con el Udinese italiano, pese a encontrarse en concurso, el Granada Club de Fútbol ha logrado dos ascensos consecutivos gastándose para esta campaña, la de su retorno a la máxima categoría, en torno a nueve millones de euros.

En contra de lo esperado, la entidad nazarí no ha logrado aún abandonar un proceso cuyo fin se esperaba para enero de este año. Quien sí salió hace ya algún tiempo fue el Real Club Celta de Vigo. Lo hizo en tiempo récord, en un año y veinte días, logrando reducir su deuda en nada menos que un ochenta y cinco por ciento.

Foto: Faro de Vigo

Horacio Gómez, su antiguo presidente, fue acusado y declarado culpable de haber cometido irregularidades en la contabilidad económica y financiera a lo largo de sus años de gestión en el club vigués e inhabilitado para el ejercicio de cargos similares al que  en éste ostentaba durante los próximos dos años.

Tanto Horacio Gómez como varios de sus hombres de confianza fueron condenados por su mala gestión, algo que podría ocurrir con Joan Laporta -si bien la figura delictiva probablemente fuese distinta, al no ser el FC Barcelona una SAD-, pero que sin embargo no ha sido una práctica actual hasta la fecha en la aplicación de la normativa.

Otro de los clubes que han pasado -y de hecho aún están- en ley concursal es el Sporting de Gijón, que lleva cuatro años inmerso en el proceso de limpia de deuda de los cinco que la norma estipula como límite para pagar las cantidades denominadas ‘de deuda ordinaria’. Esto es, aquellas cantidades adeudadas a los acreedores privilegiados, que suelen estamentos tales como Hacienda o la Seguridad Social.

 

El caso sportinguista

Jaime Álvarez, de portalsportinguista.com, ha hecho un máster en leyes, concursos y acreedores por culpa del farragoso proceso en el que todavía se encuentra el club de sus amores. En su opinión, “la concursal es una artimaña para liquidar sus despilfarros. De ahí que estemos camino de un cambio de legislación, porque la tendencia en el fútbol español es la de acogerse todo el mundo a la ley concursal y quitarse la mitad de la deuda de un plumazo”.

“Para los dirigentes que gobiernan los clubes es un auténtico chollo. Llevan a los clubes a la ruina y luego se acogen al proceso concursal. El Betis está metido en él, el Deportivo va camino de ello, el Málaga estaba hasta que apareció el jefe, el Getafe otro tanto hasta que llegaron los de Qatar… Es una vergüenza, desde mi punto de vista. En los años 90 hicieron un plan de saneamiento y se pasaron las deudas por los clubes por el forro, y ahora van por un camino parecido”, añade.

“Me parece indignante y una verdadera vergüenza casos como el de Agapito Iglesias. Que tenga una sociedad ruinosa, endeudada hasta las trancas en concurso de acreedores, y que por otro lado este despilfarrando euros con otra empresa para que se beneficie la que está quebrada, es bochornoso”, declara sobre el caso particular del Zaragoza.

Como los maños, también el Sporting trabaja desde recientes fechas con un fondo de inversión, Doyen Group. “Lo presentaron el día antes del partido contra el Barça como una empresa que se iba a anunciar esta temporada en el pantalón de la equipación. Empezamos a tirar de la manta y no les quedó otra que confesar que son un fondo de inversión que se dedica a comprar porcentajes de jugadores. Y, aunque los medios no lo dicen, se sabe que están relacionados con un representante de cabecera que suele trabajar con el club. Es este representante quien los ha traído. Hasta la fecha, que sepamos, no hubo ningún trato con otras empresas similares”.

Sobre el acogimiento sportinguista al concurso de acreedores, Jaime explica que “el Sporting se presentó con una deuda de sesenta millones. Habitualmente, cuando se presenta la deuda, termina siendo mayor. Aquí nos hablaban de treinta millones y terminó siendo el doble. Después de la quita se quedó en esos treinta, más o menos, y todo el mundo se echaba las manos a la cabeza porque no se había quitado nada”.

Uno de los motivos de este desfase es que, en ocasiones, las telarañas existentes en las cajas de raudales llegan demasiado hondo. Cuando se hace una auditoría real y exhaustiva de las cuentas de la sociedad, en más de una ocasión deudas inesperadas. De otra posible razón habla Jaime: “Aquí cogías las cuentas y veías que lo de los treinta ‘kilos’ era mentira. Normalmente, los clubes tienen controlada a la prensa y ésta suele vender que la deuda es menor que la que realmente hay. Más tarde, cuando se presenta el concurso, no queda otra que decir la verdad…”.

No obstante, los de Gijón no pueden decir que se encuentran en la peor de las situaciones. Actualmente mantienen una deuda de unos diecisiete millones de euros y, al finalizar los cinco estipulados para hacer frente a los pagos con los acreedores privilegiados, les quedará en torno a los nueve o diez millones de deuda por liquidar. “Viendo como están los demás, los privilegiados somos casi nosotros”, reconoce Jaime.

“Eso sí, aquí la están llevando a rajatabla y se está pagando escrupulosamente. No se pagan fichas astronomicas a jugadores (el jugador que más cobra está en el millón de euros, y no hay muchos). Los traspasos más caros que se han pagado desde la vuelta a primera han sido 800.000€ por Sangoy hace dos años y un millón de euros por Trejo este verano. Es decir, se trabaja con el cinturón apretado. Los aficionados ya estamos acostumbrados a que nos ‘levanten’ jugadores porque en otros sitios les pagan más”, prosigue.

El Real Valladolid, a pesar de no estar inmerso en el concurso de acreedores, sabe lo que es tener que hacer malabares a la hora de confeccionar su plantilla. En los últimos tiempos realizó dos desembolsos importantes para hacerse con los servicios de Manucho y Alberto Bueno, pero no es lo habitual en la entidad que dirige Carlos Suárez.

Es de suponer, por tanto, que por más que puedan aparecer de la nada deudas inesperadas, como en el caso del Sporting de Gijón, ninguna de las contraídas con otros clubes será importante, como es el caso del Zaragoza con el Getafe por el fichaje de Colunga o del Betis con el Elche por el trato por Jorge Molina.

El máximo acreedor del Real Valladolid, en caso de tener que acogerse a la ley concursal, sería Hacienda. En contra de lo que puede pensarse, el adeudar dinero a la Agencia Tributaria o a la Seguridad Social es algo muy habitual. “Y, aunque parezca increíble, a los accionistas de la sociedad”, apostilla Jaime, algo que en el caso blanquivioleta parece descartado después del cambio accionarial.

En el caso rojiblanco, se dice que los máximos accionistas capitalizaron gran parte de la deuda, intercambiándola por un mayor número de acciones. Esto es, por mayor poder. Jaime Álvarez es bastante escéptico sobre este tema. “Lo venden así para hacerle un buen lavado de imagen con la maquinaria mediatica que tan bien manejan, pero yo no me lo creo”.

Lo que es seguro es que en Gijón, como en otros sitios, hubo un ERE que afectó a varios jugadores y a unos cuantos trabajadores de la parcela administrativa. Se concedieron pre-jubilaciones varias, se dio salida a los jugadores menos habituales y a trabajadores, en la mayoría de los casos, mileuristas.

Algo así dice pretender evitar Carlos Suárez cuando alarga algo que la razón, en contra del corazón, le pide. Tal y como explica Jaime, la particularidad de que el concurso sea voluntario, y no instado como en el caso del Sporting, podría reducir los efectos adversos del concurso.

“Aquí el concurso fue instado por un acreedor, no fue voluntario. En ese caso, para el club, es todo más llevadero. El concurso forzado puede ser más complicado. En el voluntario, en ocasiones, uno de los administradores judiciales es prácticamente acordados entre los acreedores  y el deudor. En el instado, en cambio, son todos impuestos por el juez”, agrega.

“Tanto el club como los aficionados encajamos mal el concurso. Muy mal. Hubo movilizaciones y se creó una plataforma para echar al máximo accionista, pero fracasaron porque nadie quiso hablar más de lo que debía para no perder su sitio, a pesar de que el club corrió serio riesgo de desaparición. El acreedor presentó el concurso entre mayo y junio, con el pago de las fichas y denuncias de jugadores de por medio. Estuvimos a puntito de desaparecer por impago, lo que habría supuesto la desaparición fulminante del club”.

Una vez asignados los tres administradores judiciales -uno procedente del ámbito del derecho, uno del económico y otro en representación de los acreedores-, tendrá lugar la negociación de un convenio del que resultará la cantidad que la sociedad anónima deudora deberá abonar a sus acreedores. Habitualmente, el cincuenta por ciento de la deuda forma parte de la quita (cantidad que se perdona con el fin de que la sociedad perviva) y el cincuenta restante es aplazado para un pago jerarquizado en la llamada espera.

“La primera parte que se paga es la deuda ordinaria, que es aquella que se tiene con unos acreedores privilegiados. Los primeros en cobrar suelen ser las administraciones, Hacienda la Seguridad Social… todo ello en un plazo de cinco años. En caso de que se llegue al día al quinto año -nosotros estamos siendo buenos pagadores y vamos con adelanto-, luego ha de empezarse con el pago de la deuda subordinada. Aunque eso sí, si no cumples con tus obligaciones de pago, un acreedor puede instar a la declaración de quiebra y el juez declarar el cese de la actividad”, advierte.

 “Los tres administradores judiciales van a ser los que van a mirar con lupa todas las cuentas del club y tomar el mando. A su llegada, pueden tomar dos decisiones: ponerse al mando del club y quitar a los actuales gestores o dejarles en sus cargos y controlarles. Lo normal es que hagan esto, sobre todo si el concurso es voluntario, porque entonces el propio club podrá nombrar a algún administrador”, continúa, y apostilla: “Los administradores van a velar porque las cuentas sean claras y porque todo vaya por el camino marcado. Da la sensación que en ocasiones deben hacer verdaderos malabares para no decretar la disolución de la entidad, aunque con lo politizado que está el fútbol, en un caso así seguro que aparecería alguien para librar al club en cuestión…”.

 

El cable del alcalde

Foto: El Norte de Castilla

No parece al menos que algo como lo de Jaime Álvarez vaya a ocurrir en el Real Valladolid. No después del cambio de accionariado y de que se descartase mayor intervención que una quita en el caso del Club Baloncesto Valladolid. Sin embargo, Javier León de la Riva, alcalde de la ciudad, ha manifestado en las últimas fechas que sí buscará abogar por el club y tratar de desenquistar la situación con Hacienda.

Sabedor de que las relaciones entre Carlos Suárez y la Agencia Tributaria son bastante tensas, su intención es “hablar con el delegado de Hacienda para tratar de acercar posturas y que no haya enrocamientos de una y otra parte”. Conocedor de que la entidad blanquivioleta no pasa por su mejor momento económico, León de la Riva intentará echar un cable en la medida que le sea posible y así renovar el apoyo que él y el presidente de la Diputación de Valladolid, Jesús Julio Carnero, mostraron al máximo mandatario del club de la Avenida Mundial ’82.

Si Hacienda considera su palabra como aval para confiar en Carlos Suárez, a buen seguro ‘la doce’ blanquivioleta le agradecerá evitarles cursar ese máster en leyes, concursos y acreedores que Jaime Álvarez debió hacer en pocos meses. Y, con el jugador número doce, todos aquellos cuyos trabajos o ingresos dependan de que el dichoso fantasma se convierta en realidad.

Sobre Jesús Domínguez

Director de Blanquivioletas. Productor de #HacemosCantera, en esRadio Valladolid. Sígueme en: @JesuDominguez.