Cuando la realidad es analizada a través de tópicos, puede dejar de ser real, como las curvas de Kate Winslet.
Hace dÃas descubrà un nuevo truco de belleza. Kate Winslet, aquella actriz que saltó a la fama desde una tabla de madera por dejar morir a Leonardo DiCaprio, se dedica a engañar al vulgo allà por donde va utilizando un vestido milagroso que oculta los excesos y suaviza unas curvas quizá demasiado pronunciadas.
Mi lectura del periódico prosiguió sin reparar demasiado en aquella mentira hasta que descubrà que el diseño de Stella MacCartney habÃa dado pie a una secuela más de andar por casa. DÃas después de encontrarme con aquella imagen en la prensa, otra mucho más cercana me contó la misma media verdad.
Me sorprendió ver aquella realidad tan mal contada en un cuerpo por el que, dicho sea de paso, no han pasado tantos años como por el de una mujer que quiso hacer DiCaprio a la gallega y que olvidó que en Galicia el pulpo al final sale del agua.
Aunque, bien visto, quizá para Jack fuese mejor terminar alojándose en un hostal del tres al cuarto en Fondo de Bikini que pasar una vida entera navegando en la estulticia y ñoñerÃa que rodeaba a una adolescente que no desentonarÃa demasiado en algunos locales de esta ciudad.
Volviendo a la mujer del vestido negro y morado, he de decir que mis ojos vieron mejor su recurso. Quizá por las reminiscencias inintencionadas a unos colores hechos dogma. Puede ser, y no lo oculto, que de por sà vea con mejores ojos a la dama en cuestión que a Rose y todo lo que huela a ella.
Una vez más, mi mente no divagó en exceso sobre aquel vestido, más allá de la inevitable relación recién salida del horno. Concilié el sueño en las noches sucesivas en la misma medida que suelo tener por costumbre: escasa.
El recuerdo del mentiroso vestido habÃa pasado a ser casi un olvido hasta que volvà al lugar donde lo descubrÃ. Me volvà a sentar en la barra, cuan tipo ebrio y solitario, y volvà a recurrir al mismo periódico. Con más atención de la que presté a la sección donde me encontré a Kate, leà algo sobre el Real Valladolid que me llevó a pensar en otra media verdad.
Me hizo reflexionar aquella pieza periodÃstica sobre la dichosa media inglesa, un concepto tan manido que de no ser gratuito podrÃa considerarse incluso prostituido. Una media seguida en este mes de noviembre que se acaba por el Real Valladolid, pero que no debe utilizarse para cerrar, en positivo o negativo, ningún posible debate abierto sobre el rendimiento del equipo.
Tienen razón aquellos que se escudan en el tÃpico tópico británico en que en una categorÃa de la exigencia y la igualdad de la segunda división todo lo que sea sumar a domicilio es bienvenido, si bien este mismo mes se han visto encuentros por los cuales debe incluirse un matiz en la apreciación.
No existen dudas sobre la ferocidad de la competición, ni será un servidor quien ponga en tela de juicio la mayor, pero negar que ante la Sociedad Deportiva Huesca y el FC Cartagena se debió ganar provoca la caÃda de quien dé por bueno el empate sin ir más allá en su argumentación en una falsa modestia que no casa con los objetivos que el Real Valladolid debe seguir.
Porque, por más que la institución no pase por su mejor momento, en lo deportivo ha de exigirse. Eso sÃ, siempre emulando a Manucho y utilizando la cabeza para pensar en una crÃtica útil, no sesgada y descarnada. Dado el citado paso, lo más probable es que el caminante en cuestión vea junto al sendero un cartel con la tabla clasificatoria y se contente.
En caso contrario, el crÃtico apocalÃptico estará obviando una realidad más agradable de lo que su mente proyecta y quiere hacer ver a los demá. Porque el juego debe ser mejor, dirá. Porque empatando en la casa del colista no se sube. “O sÃ, muy señor mÃo”, apostillará el optimista crónico.
Más pronto que tarde llegará el ecuador de la competición. Se llegará, salvo milagro, con mejoras por hacer. Porque el fútbol es una continua lucha por mejorar o porque hay detalles aún por pulir. Como prefieran vuesas mercedes. Hasta la fecha, para suerte de todos, más o menos crÃticos, no nos ha ido tan mal, al menos para quien escribe.
Uno, acostumbrado a definirse como aprendiz de todo y maestro de nada, no buscará jamás sentar cátedra con ninguna de sus interpelaciones. Menos aún si se tratan de opiniones, pues hay tantas como habas en la cazuela de la abuela o peces en el mar.
Sin embargo, desde esta humilde tribuna, sà querrÃa lanzar una recomendación a quienes ven todo en blanco y violeta y a quienes tiñen el blanco de negro: no olvidéis que el Real Valladolid también vistió de gris. Aunque a veces pueda parecerlo, no todos los medios son malos.
Cuando pensamos en Guerra o en Valiente, en Rueda o Bueno, a veces olvidamos que entre medias existe Nafti. Antes de emitir juicios sesgados, positivos o pesimistas, reflexionemos. No conviene olvidar que, cuando la realidad es analizada a través de tópicos, puede terminar siendo tan irreal como las curvas de Kate Winslet.




Hay quien confunde ser ambicioso con ser agorero.Los 2 empates son solo eso,2 puntos.Pero debemos ser + ambiciosos y decir que la proxima TIENEN de ser 3.Es el salto en cuanto a puntos que te hace encaramarse en los 2 primeros puestos ó estar en el “fregao” del 3º al 7º,puestos,en los cuales al final, un disgusto te puedes llevar.