José Luis Sainz: “Los accionistas del Real Valladolid meten los goles en los despachos del Ayuntamiento”

En una nueva pieza de ‘Arena y cal’Vicente Sánchez conversa con José Luis Sainz, experto en urbanismo de la Escuela de Arquitectura de Valladolid.

 

Estoy en la segunda planta de la Escuela Superior de Arquitectura de Valladolid. Una placa reza ‘Departamento de Urbanismo’. Me planto enfrente de la puerta del despacho y espero impaciente. Unos minutos después, puntualmente, aparece un hombre de aspecto canoso y con gesto tranquilo. Es José Luis Sainz Guerra, profesor del departamento. Me saluda y me invita a entrar.

Hay una mesa muy grande con un montón de planos y papeles y cuatro sillas repartidas por los extremos. “Es el despacho de cuatro profesores”, me dice. Mientras preparo todo para empezar la entrevista me hace algunas preguntas mientras me escruta escrupulosamente desde la otra parte de la mesa. Me siento estudiado. Le explico cuál es mi propósito con la entrevista y me plantea que quizá no siga el guión que yo he previsto. Le digo que seguro que sale todo bien. Todos sus gestos (escrutinio, silencios y dudas) indican que una persona sabia se esconde tras su pose informal.

Al cabo de un rato nos metemos de lleno en cuestiones urbanísticas y, a medida que pasan los minutos, se va alargando en sus respuestas. Estamos jugando en su campo. Y nunca mejor dicho, porque el fútbol se cruza entre concepto y concepto y resuelve con soltura los envites. Además de la política… En fin, que todo en esta vida está relacionado y van a descubrir por qué.

 

Pregunta: ¿Cree que los partidos políticos están concienciados de la importancia de la ordenación urbana para el desarrollo económico de una ciudad?

 Respuesta: Pues no, no están concienciados. No han entendido el papel que cumple la ciudad desde el punto de vista económico y social. La ciudad es un organismo muy complejo, no es solamente dinero. En cierta medida se trata de un organismo (el urbanismo) que tiene una trascendencia económica en relación con la vida de las personas muy grande. Los políticos no están concienciados de esa dimensión.

 

P: ¿Se puede convertir un suelo deportivo de titularidad pública en un suelo comercial? ¿Qué proceso hay que seguir para recalificar ese suelo?

R: Si es un suelo que tiene una calificación de deportivo no podría ser. Tendría que cambiarse su calificación como suelo dotacional, a través de una modificación del Plan General (PGOU), y en función de eso podría ser utilizado para otros servicios.

 

P: ¿Intervendría el Ayuntamiento?

R: Intervendría el Ayuntamiento y, al ser una modificación de Plan General, intervendría también la Junta de Castilla y León.

 

P: Porque los Planes Generales son competencia de cada comunidad…

R: Exacto. Los redacta el Ayuntamiento y la aprobación definitiva es competencia de la Junta.

 

P: Una empresa privada, por lo tanto, no podría pagar para obtener ese suelo.

R: Esa es una pregunta que permite muchas respuestas. Una empresa privada podría obtener una concesión de un equipamiento. Es decir, un hospital público, tal y como se plantea ahora, podría ser gestionado por una empresa privada.

 

P: … Siempre que tenga interés público.

Sí, pero sería una empresa privada a través de un contrato específico donde se respetara esa característica de público.

 

P: ¿Y usted diría que el Real Valladolid, como club de fútbol, es de interés público?

 R: Es sin lugar a dudas algo muy importante en la ciudad, parece ser que hay un número muy alto de socios, pero lógicamente no es de interés público. No lo es como pueda serlo la sanidad, la defensa, la educación… Es entretenimiento. Lo que pasa es que muchos ciudadanos se lo pasan muy bien y entonces llega un momento en que sus pasiones futbolísticas van más allá de lo que puede ser lo razonable.

 

P: Se lo digo porque el Ayuntamiento siempre alega interés público con el proyecto Arena porque como el fútbol mueve tanto…

R: Tanta pasión y tanto dinero. Es un término polémico pero no es de interés público. Es entretenimiento, diversión, pasarlo bien.

 

P: Hablemos de los suelos considerados de Sistema General. ¿Qué significa que un suelo esté considerado así?

R: Pues un Sistema General es un suelo que está al servicio del resto de la ciudad. Es decir, sirve a la ciudad. En la ciudad hay espacios que son servidos y hay espacios que son servidores. Los Sistemas Generales sirven a los otros espacios que son servidos. Por ejemplo, una calle está sirviendo a las viviendas. Si tú quieres acceder a una vivienda tienes que pasar por una calle. Es esa relación.

 

P: ¿Al aumentar el porcentaje de suelo dedicado a uso comercial un Sistema General sigue siendo un Sistema General?

R: Un Sistema General Deportivo puede aceptar usos comerciales de forma puntual. En ese sentido un uso comercial sería un uso servido, no servidor.

 

P: La Federación Vecinal ponía como ejemplo de validez de uso comercial el restaurante anexo a una estación de trenes o cosas similares relacionadas con esas necesidades. ¿Eso podría ser Sistema General?

R: Eso podría serlo. Pero sería para la gente que va a tomar un café antes de coger el tren, es decir, estaría en relación con ese tipo de servicios.

 

P: ¿Y usted diría que el centro comercial que quieren implantar al lado del Nuevo Estadio José Zorrilla…?

 R: (Interrumpe) En absoluto. Para nada. Vamos, eso es un Sistema Comercial para el conjunto de la ciudad, no para la gente que pueda ir a ver un partido en un momento dado. Es decir, si tú estás haciendo una tienda o un bar exclusivamente para la gente que va al partido entonces sería aceptable, pues que realmente estás generando un tipo de servicio para esas personas que están viendo ese partido.

Pero claro, eso pasado el partido se acabó. Mientras que si tú estás creando tanto suelo comercial, pues lógicamente va a ser en función de una enorme cantidad de población que va a tener que desplazarse allí con el único propósito de comprar, haya o no partido.

 

P: ¿Cree que los ciudadanos comprenden el significado de suelo público? Es decir, ¿comprenden el verdadero valor de ese suelo o lo ven como un terreno desaprovechado?

R: Yo creo que sí que lo comprenden. Desde un punto de vista general la gente conoce los suelos públicos de una ciudad, los utiliza. Otra cosa es que comprendan el significado de ‘aquel trozo de suelo’. Sin lugar a dudas el espacio de un parque, de una ribera de un río o de un jardín en un barrio, eso se entiende perfectamente.

 

P: ¿Pero entienden cuánto pierde realmente el municipio de Valladolid recalificando un suelo de titularidad pública?

R: Yo creo que eso no lo entienden. El grave problema que ha ocurrido con el urbanismo en los últimos años es el siguiente. Antes cuando había un problema económico en una nación como la española, por ejemplo los famosos Juegos Olímpicos del ’92, y había que pagar grandes cantidades de dinero, pues entonces el Gobierno agarraba la maquinita de hacer dinero e imprimía pesetas. ¿Que hay que pagar los Juegos Olímpicos de Barcelona? Pues toma, le daba pesetas impresas. Lo que pasaba es que generaba inflación pero la gente, de alguna manera, no entendía muy bien como era ese proceso de financiación.

Ahora no pueden imprimir pesetas o euros, ya que existe el Banco Central Europeo. ¿Ahora qué pueden hacer? Lo que pueden hacer es dar más edificabilidad. Es una manera de generar un dinero de la nada.

 Eso es lo que está ocurriendo con el Valladolid Arena. Están creando dinero de la nada a través de multiplicar la edificabilidad. Esto puede ser meter edificabilidad privada en espacios públicos de manera absolutamente abusiva desde el punto de vista de las necesidades que tiene esa zona, pero también puede ser un aumento de dos o de tres plantas en pleno centro de Valladolid.

Por ejemplo, el edificio que está delante de la fachada de la Universidad es un edificio con muchísimas plantas. Producir dinero de la nada. Pero, claro, eso significa que estás cambiando el funcionamiento de la ciudad y finalmente eso genera un daño: mayor tráfico, mayores densidades… Una disfuncionalidad en la ciudad, que pagamos todos.

Parece que el problema no es sólo el de los beneficios que obtendrá la empresa privada instalada en ese suelo, sino también el de la recalificación de un suelo público a un suelo urbanizable privado, cuyo valor aumenta a cifras astronómicas. ¿Por qué no se explica esto desde las instituciones públicas? ¿Cree que son transparentes, en ese sentido?

Bueno, las instituciones están permanentemente jugando con esos datos. Es decir, no están mostrando con claridad cuál es el significado concreto de esos cambios de planeamiento. No existe una explicación muy clara. Por ejemplo, eso no se está diciendo en la prensa o en la televisión.

 

P: Porque siempre se habla de coste cero, pero ése es el directo. Hay un coste indirecto.

R: El coste cero que ellos dicen finalmente tiene un efecto que es el siguiente: la ciudad cambia de modelo. Hay un proceso de transformación de modelo y entonces tú tienes que coger más el coche… Por ejemplo, lo que se está produciendo ahora en relación al comercio tradicional. Tú antes tenías tiendas en las calles del casco histórico. En estos momentos esas tiendas están desapareciendo porque, claro, la enorme competencia que se viene produciendo con las grandes superficies es tan brutal que esas tiendas finalmente no pueden sobrevivir.

Lo que ocurre al final es que el tendero está aguantando y cuando le llegan los 65 años, se jubila, cierra y se acabó la tienda. Eso significa un desierto dentro de la ciudad. Ya necesariamente para comprar cualquier cosa tienes que coger el coche.

Eso es una gran disfuncionalidad, pero muy poca gente la entiende como un efecto del urbanismo voluntariamente realizado por el Ayuntamiento, sino que se entiende como la lluvia, como algo que se está produciendo de manera natural. Sin embargo, se produce por decisiones tomadas, no solamente por el Ayuntamiento de Valladolid, sino por el Ayuntamiento de Arroyo, Simancas… Y, por supuesto, por la Junta de Castilla y León que finalmente aprueba ese cambio de modelo de ciudad.

 

P: Es obvio que las instituciones públicas y las empresas privadas a menudo son pareja de hecho. Pero las Sociedades Deportivas tienen la peculiaridad de que ofrecen un servicio, por llamarlo de alguna manera, que una gran parte de la sociedad aprovecha.

Esto se debe a que el fútbol es un fenómeno social indiscutible. ¿Hasta qué punto puede escudarse una Sociedad Anónima Deportiva en el interés general para recibir, en este caso, la cesión de un suelo de Sistema General y tener la posibilidad de lucrarse con las rentas que el suelo le pueda proporcionar?

R: Bueno, el problema es que tú tienes ahí una serie de personas que son los futbolistas. El futbolista es un tipo absolutamente excepcional, es un tío que se entrena, que lleva una vida durísima… Realmente el futbolista es el héroe moderno. Si realmente triunfa y tiene esa habilidad de meter goles tiene un impacto social extraordinario.

Pero claro, detrás de ese futbolista hay un montón de gente que vive del futbolista. Esa gente está haciendo dinero y no les interesa el fútbol para nada, les interesa sencillamente su negocio. Lo que pasa es que decir “Rafa Nadal te aconseja que compres productos tal” pues significa que mucha gente compra esos productos. Poner al futbolista en el anuncio, “Iker Casillas también bebe tal” o “Iker Casillas también conduce el coche cual”, pues es algo que tiene un efecto muy importante. Entonces se parapetan detrás. Y dices “no, no es el fútbol”, el fútbol realmente es maravilloso, lo que es esto es un negocio. Se ponen detrás del futbolista para que no les vean.

Ellos no tienen ese vientre plano, esa tableta de chocolate que tiene un atleta que está todos los días entrenando ocho y nueve horas. Por el contrario, son esos tipos barrigudos que no tienen en modo alguno interés en el deporte, sino que realmente tienen interés en sacarle dinero a un determinado negocio. Es el problema.

 Ese es el lío. El fútbol no es más que la máscara. Dicen “es que estás contra el fútbol”. No, nadie está contra el fútbol. Al contrario, es maravilloso. El problema es que están haciendo un negocio, están utilizando al futbolista para parapetarse.

 

P: ¿Se puede decir que los beneficios que obtienen la ciudad y el club son los mismos?

R: No. O sea, si nosotros tuviéramos un club deportivo que funcionara sin esas personas que están detrás entonces la ciudad y el club podrían equipararse.

Lo que ocurre es que hay una serie de personas que se han metido detrás del club y lo están manejando y lo llevan en función de sus intereses porque son sus propietarios. Son propietarios de un club que se llama Real Valladolid, que tiene el nombre de la ciudad. Se está jugando con esa cuestión, con ese doble. Es una máscara.

 

P: El Plan General de Ordenación Urbana es un instrumento de ordenación del territorio y son las Comunidades Autónomas las que lo establecen. ¿Hay diferencias en los Planes Generales dependiendo de qué partido gobierne?

R: Hay diferencia. Lo que pasa es que yo creo que durante un tiempo eso se ha olvidado. Hay grandes diferencias, por ejemplo, en relación a una época en la cual el urbanismo se entendió que debía servir al conjunto de la sociedad. Entonces hay planes, estoy hablando de los de los años 80, en los que realmente el urbanismo estaba pensado como un instrumento que debía servir a la ciudad.

Sin embargo, en la actualidad y desde hace ya casi una década lo que se ha visto es que el urbanismo es dinero, que se puede sacar muchísimo, y se ha estado trabajando de una manera completamente irresponsable, irreflexiva. En muchos casos se ha dicho “oye, cuidado, el urbanismo es una técnica magnífica para sacar dinero pero tiene un límite, esto no es infinito”, pero no han hecho caso.

Tú no puedes estar haciendo viviendas y viviendas y viviendas y no pasa nada. Llega un momento en que eso puede explotar. De hecho, recuerdo que en el año 2004, un profesor de Filosofía y Letras, Basilio Calderón, y yo dijimos “cuidado que la burbuja puede explotar” e inmediatamente el Ayuntamiento dijo: “Estos señores no tienen ni idea”. ¡En 2004! Es decir, que ya se veía que no había población posible que pudiera ocupar todos los pisos que se estaban construyendo.

Claro, el urbanismo sería conveniente que sirviera a la ciudad, pero el problema es que en estos últimos años no ha estado sirviendo a la ciudad. Es decir, en un momento se dijo “no, el urbanismo como disciplina para dirigir la ciudad no nos interesa, lo que nos interesa es el mercado. El mercado tiene que regular todo esto”. Vale, pues mercado. Ahora el mercado se les está comiendo. El mercado se está comiendo a aquellos que lo habían invocado.

 

P: ¿El mercado no se auto regula como ellos defienden?

R: El mercado ya ves tú que no se auto regula y, si se auto regula, es desde luego de una manera sangrienta. Estos señores, una de las cosas que hicieron fue convocar a ese Dios Mercado, y finalmente ese Mercado llega y lo que ha hecho ha sido merendarse a esos sacerdotes.

 

P: No sé si es casual, pero usted ha mencionado años 80 y actualidad. Partido Socialista dieciséis años y otros tantos el Partido Popular. No pretendo meterle en un compromiso, pero este periodo coincide con el del Partido Popular. ¿Es por la filosofía de libre mercado que ellos defienden?

R: Bueno, el problema ahí es más complejo. En un momento determinado hay una ley, que es la ley del año 98 de José María Aznar, que es nefasta. Habla del mercado. Esa ley de alguna manera nos ha metido en todos estos líos.

Luego lo que tenemos es el problema de un gobierno socialista que no se ha dado cuenta de que realmente aquello era algo que no funcionaba. Digamos que de una manera completamente inconsciente ha seguido utilizándolo. Claro, no es una cuestión de Partido Socialista, Partido Popular, sino que se han hecho mal las cosas. Tú vas al médico y dices: “Me trató el médico A o B”. No. Es que no han sabido tratarte, ninguno de los dos ha sabido que es lo que tenías.

 

P: Normativa Bolkestein. Entró en vigor en Europa a finales de 2006, aunque lo cierto es que en España no lo ha hecho hasta el año pasado. Sabemos que desregula el mercado interno, lo que fomenta la competencia desigual con el comercio tradicional y sabemos que simplifica los trámites burocráticos -a grandísimos trazos-.

En Valladolid esto ha supuesto que la Junta no pueda limitar los metros cuadrados de suelo comercial y que, por lo tanto, eso deje de ser obstáculo para implantar cuantos centros comerciales se quiera. ¿Qué opina de la normativa Bolkestein?

R: Es que son dos cosas muy distintas. Una cosa es una normativa comercial y otra cosa es cómo funciona la ciudad. Te voy a poner un ejemplo. Tú tienes un gran espacio comercial que se está construyendo y que dentro de poquito se va a abrir que es el Ikea. Tiene una oferta enorme, es ese cajón azul que está apareciendo en Arroyo, y un enorme atractivo desde el punto de vista del precio. Entonces dices “Hay que darles libertad”. Por supuesto. Pero es que a Ikea se le está regalando un montón de cosas.

Ikea ha hecho un análisis del territorio y ha dicho: “¿Dónde me interesa colocarme?”. Ha ido a colocarse a Arroyo. ¿Por qué? Porque resulta que Arroyo es un cruce de autovías particularmente central en todo el territorio de Castilla y León. Se trata de un espacio que está perfectamente servido por grandes autovías.

Realmente esa gente no está haciendo una lectura de una ley de comercio sino de un territorio que es así en función de una serie de hechos, como que se ha metido dinero de una forma masiva en infraestructuras. Las administraciones públicas han invertido en los últimos quince años casi mil millones de euros en autovías y rondas en Valladolid y sus alrededores y han convertido ese espacio en un lugar de accesibilidad excepcional.

Si tú en estos momentos estableces que los grandes centros comerciales que están bien servidos por autovías se ubiquen en la parte exterior de la ciudad, evidentemente, entrará en decadencia el centro. Lo que ocurre es que a estos centros comerciales les estás regalando la accesibilidad. Tú tendrías que decir: “señores, ustedes van a pagar aquí por el suelo, pero también los millones que se han invertido en infraestructuras, porque ustedes están en el centro de ellas”.

De otra manera, si esos señores pagaran esas cantidades habría una reversión, una vuelta de ese dinero a las arcas estatales, municipales o a las de la Junta de Castilla y León. La disfuncionalidad no sería tan grande. Incluso en muchos casos no se asentarían, pero es que les estamos regalando la accesibilidad.

 

P: Aunque los parámetros de una empresa privada son los económicos, como es lógico, los del Ayuntamiento deberían ser los urbanísticos, ya que económicamente no pueden hacer nada por la normativa Bolkestein, y decidir dónde se van a colocar esos centros para que la ciudad esté equilibrada, ¿no?

R: Claro. Y no solamente donde se van a colocar, a fin de cuentas también tiene que existir libertad, sino esencialmente el tema de pagar. Usted tiene que pagar el precio que ha costado que ese espacio sea accesible.

Por otro lado, los ayuntamientos implicados, Valladolid, Arroyo, Zaratán y los del entorno de Valladolid, han sido incapaces de coordinar sus políticas urbanísticas y cada uno ha funcionado de forma individual.

 

P: Sin embargo, aunque la directiva hace que los centros comerciales no tengan el obstáculo económico está el urbanístico, y este sí es competencia del Ayuntamiento. ¿Piensa que el centro comercial del Valladolid Arena tiene alguna posibilidad de ser legal en el plano urbanístico a través de alguna modificación u otorgando al Ayuntamiento una parte de las plusvalías que se obtengan?

R: Pues seguramente si el Ayuntamiento insiste y le da muchas vueltas, pues acabará aprobándolo. A fin de cuentas es una cuestión de regulación. El problema del Ayuntamiento es que lo quiere hacer todo demasiado rápido y por la vía directa. Eso entra en contradicción muchas veces con documentos que el propio Ayuntamiento ha firmado y ha aprobado, como los Planes Generales.

 Bueno, puede dar tantas vueltas como quiera a esos planes. Podría llegar a ser legal. Lo que sí que queda claro es que esas operaciones siempre serán injustas socialmente porque es meter dinero en el bolsillo a los propietarios del Real Valladolid, no a los futbolistas, que de alguna manera son propietarios privados.

 

P: Accionistas, ¿no?

R: Accionistas.

 

P: ¿Si además del centro comercial se hubieran implantado equipamientos públicos como centros cívicos, parques, polideportivos, etc. cree que hubiera habido tanta polémica?

R: Seguramente no hubiese habido ninguna polémica. La cuestión es, ¿por qué no se hicieron? Esos espacios están ahí desde hace muchísimo tiempo y no se ha hecho nada. El Ayuntamiento ha pensado directamente en sacarle un beneficio económico para dárselo al Real Valladolid y es entonces cuando ha puesto esa operación en marcha.

 

P: ¿Tiene alguna responsabilidad el Ayuntamiento de Valladolid frente al hecho de que se quiera construir un centro comercial a cien metros del Carrefour? Habitualmente se apela al juicio de la empresa privada que evalúa esas condiciones y decide si le es rentable o no, no a la capacidad ordenadora y distributiva del Ayuntamiento. ¿Usted qué opina?

R: Bueno, esa es una de las cosas que llaman la atención, que se pongan tan cerca los unos de los otros. Yo creo que en su día Carrefour protestó por esto.

 

P: Sí, denunció al Ayuntamiento (aunque fue por los accesos, no por la cercanía del centro comercial).

R: Claro, es una cosa que les hace mucho daño. Es sorprendente. Lo lógico hubiese sido ubicarlo en otro lado. Eso no es más que una prueba de que ahí no interesa en modo alguno resolver el problema comercial de la ciudad, un problema de abastecimiento y precios baratos, sino justamente darle dinero a esos accionistas del Real Valladolid.

 

P: En El País ya se habló en 2006 de los pelotazos del fútbol español nombrando ciudades como Real Madrid, Valencia, Levante, Zaragoza, Sevilla, Betis, Murcia y Valladolid. El caso de Madrid es muy llamativo. Después de construir las famosas cuatro torres, el Madrid ahora va a por un centro de ocio que incluye un hotel y un parking. ¿Qué semejanzas tienen los proyectos del Real Madrid y el del Real Valladolid? Porque ya sabemos que su mayor diferencia es que uno ha salido adelante y el otro no.

R: (Se ríe) Se trata realmente de la misma operación: darle dinero al club, sin más. Es una operación muy interesante desde el punto de vista de esos accionistas porque es tal la cantidad de dinero que se mueve que todos salen contentos. El señor que hace la operación de la transformación urbanística, el tipo que compra al futbolista, el otro que hace la intermediación… Todos ganan.

Lo que ocurre es que hay que identificar esas cuatro torres: la compra de Beckham, de Ronaldo, de Zidane y de Figo. Esos son los cuatro rascacielos. Realmente, la afición lo ha pasado muy bien, metieron muchísimos goles… Pero claro, al final, no les ha pagado la afición, sino la ciudad.

Esas cuatro torres en ese lugar lo que generan es una enorme cantidad de congestión. Tú estás metiendo ahí una gran cantidad de suelo edificable. Eso significa que habrá un montón de oficinas privadas abiertas al público y que la gente tiene que ir en coche, en metro, andando… Lo que significa que las aceras, las calles se llenan. Congestión. Claro, el tipo que está viviendo allí desde los años 60 o 70 en su vivienda -que pagó con gran dificultad- de repente se encuentra con esas grandes torres delante y esa especie de congestión permanente. Ese es el verdadero valor de la pérdida de esos espacios.

Claro, tú dices: “¿Eso se puede monetarizar?”. Efectivamente, es muy difícil. Y ahí está la trampa. ¿Y quién ha perdido? Nadie. Hemos perdido todos. Sí, la ciudad ha perdido desde el punto de vista funcional.

 

P: El caso de Valencia es muy ilustrativo de lo que podría pasar en el resto de España. Se endeudaron para pagar un nuevo campo de fútbol antes de vender el antiguo y ahora tienen un campo de fútbol a medio construir y otro campo que no pueden vender.

Aquí, en Valladolid, el PSOE pidió un aval de cincuenta millones a la empresa promotora para asegurar precisamente que eso no ocurriera. ¿Qué similitudes puede haber con el caso de Valencia?

R: El caso del Valencia yo creo que es tremendo. Últimamente Valencia está teniendo una gran cantidad de desastres económicos: el caso del banco de Valencia, la Caja de Ahorros del Mediterraneo… O sea, realmente terrible.

En el caso del Valencia hay un límite. El mercado inmobiliario ha funcionado muy activamente, fue una gran potencia en los años pasados, pero claro, tenía un techo.

En particular en Valencia ha habido una enorme desproporción, una enorme irresponsabilidad, a la hora de usar esos instrumentos. Y el ejemplo más importante es el Informe Auken.

Es un informe de una parlamentaria, Margrete Auken, que hizo una investigación de una serie de casos urbanísticos, sobre todo en relación con la costa, especialmente del urbanismo valenciano. El Parlamento Europeo votó este informe haciendo una serie de recomendaciones a España en función de esos excesos que se habían producido. El caso Valenciano es una situación absolutamente extrema.

Lógicamente en Madrid esas cuatro torres van a generar una gran disfuncionalidad en un barrio, pero no van a arruinar a la ciudad. En el caso del Valencia parece que sí.

 

P: Quizá en Valencia podamos incluir la corrupción.

R: Además de la corrupción, por supuesto.

 

P: En 2005 el presidente del Real Zaragoza, Alfonso Soláns, defendía en una carta abierta a los zaragocistas las ayudas directas mediante recalificaciones, o indirectas mediante subvenciones a la carta como única forma de ser competitivos. El objetivo de la carta era que el alcalde le recalificara los terrenos de las oficinas del club para construir viviendas con las que sanear la deuda del club.

El Ayuntamiento, en aquel momento del PSOE, aceptó y los únicos que lo criticaron fueron Izquierda Unida, al igual que aquí. Las similitudes en todas las ciudades son manifiestas. ¿Ve alguna salida de emergencia a esta rueda que no deja de girar?

R: Bueno, la salida ya la tenemos. Es decir, ya no se vende ninguna vivienda y ya nos hemos cargado a la gallina de los huevos de oro. En una época pasada eso funcionaba muy bien pero ya se ha llegado al límite. Ahora en estos momentos tenemos, se dice, del orden de 1.800.000 viviendas sin vender, que es justamente el grave problema que tenemos los españoles ante la crisis.

Hay una cantidad importante de gente que piensa que no hay cifras reales en relación al número de viviendas que se construyeron y que posiblemente sean más de las que dicen. Se empieza a plantear que el Instituto Nacional de Estadística no está diciendo la verdad, que los Ayuntamientos tampoco, que los bancos están ocultando… ¿Cuántas viviendas hay sin vender?

 

P: Aunque quizá esto no le compete, ¿qué pueden o qué deben de hacer los clubs ahora que la gallina de los huevos de oro está muerta?

R: Pues los clubs lo que tienen que hacer es apoyarse en los futbolistas y en el auténtico deporte. En lugar de irse a Brasil o Inglaterra a buscar futbolistas, pues que eduquen a los niños de la cantera desde un principio. Lo que han hecho los clubs normalmente en todos los sitios. Después de haber trabajado durante veinte años con 10.000 niños pues salen dos lumbreras. Eso es lo que tienen que hacer. Invertir en la cantera. Invertir en la juventud de la ciudad.

 

P: ¿Diría que se está imitando esos modelos? ¿Por qué en otras ciudades los proyectos no han sufrido trabas legales y aquí han sufrido trabas administrativas y judiciales hasta el punto de que parece prácticamente imposible su realización?

R: Una de las cosas por las que se ha hecho bien en otros sitios o han podido hacerlo y aquí se ha declarado ilegal, creo que está en relación al mal asesoramiento urbanístico que tiene el Ayuntamiento. Está recolectando una enorme cantidad de sentencias en contra. Tú vas por la calle con el coche, te ponen una multa y dices :”Ees que el guardia me tiene ojeriza”. Pero claro, cuando te cogen una vez, y otra vez, y otra vez y entonces tienes que pensar que no sabes conducir.

Yo no sé si ya tiene 100, es que tiene un montón de sentencias en contra. ¿Quién le está asesorando a este hombre? ¿Cómo es posible que le asesoren tan mal? Hay un problema de falta de asesoramiento. En algunas circunstancias las cosas se podrían haber hecho bien y no hubiese habido ningún problema. En otras se está forzando la máquina, y se está forzando tanto que es realmente muy difícil vestirlo.

En el caso de Madrid, efectivamente, se realizaron operaciones parecidas a esta pero más tranquilamente, más sensatamente y con instrumentos más adecuados, aunque la filosofía es igual de perversa.

 

P: Parece que los presidentes de los clubs de fútbol son más hábiles hablando de metros cuadrados y de usos del suelo que los propios urbanistas. El fútbol está invadiendo un terreno, y nunca mejor dicho, que no le pertenece. ¿Hace falta más regulación estatal? ¿Da miedo meterse con el fútbol?

R: No es una cuestión de regulación estatal. Es decir, el tema es la alianza entre el político y el propietario del club. El propietario del club va a dar unas cosas al político y el político al propietario.

Si esa alianza, además, va de la mano de un banco o una caja, no tenemos nada que hacer. Estamos perdidos. Eso es lo que se ha producido a lo largo de estos últimos años en muchas ciudades. Lógicamente ha habido excepciones, ha habido ciudades donde esto no se ha producido. Pero en muchas sí. No es solamente Valencia, Barcelona, Madrid o Valladolid, hay muchísimas más.

El problema es que nos decían, “el empresario invierte su dinero donde cree conveniente, vosotros no tenéis nada que decir, es él el que arriesga su capital”. Pero no era su capital, era el capital de todos. Y me refiero tanto a las cajas de ahorros como a la ciudad. Ahora vemos que se han arruinado y han pasado las deudas a los bancos y las cajas, y como no podemos dejar caer a sistema financiero, las vamos a pagar entre todos.

El tema es que las leyes están planteadas para que los políticos dirijan las ciudades. Si los políticos entienden que deben dirigirlas de esta manera, pues estamos perdidos.

 

P: En Valladolid, Izquierda Unida ha recurrido la modificación del Plan General de Ordenación Urbana sabiendo los costes tanto económicos como políticos que eso supondría. ¿Cree que en otras ciudades se ha hecho oídos sordos precisamente por el costo de frenar un proyecto así?

R: Yo creo que en otras ciudades han puesto esos recursos, lo que pasa es que aquí lo han hecho mal. Si un político quiere hacer una cosa es muy difícil que la ley se lo impida. Realmente el pueblo le está dando las manos libres para que lo haga. Si él sabe hacer y tiene asesoramiento suficiente lo hará, aunque sea un auténtico desastre.

El problema es que es necesario que los políticos reflexionen y contar las cosas bien para que la ciudadanía lo entienda. ¿Qué es lo que significa el Valladolid Arena? ¿Por qué tenemos que comprar futbolistas en el extranjero pagando una enorme cantidad de dinero? ¿Por qué no pueden ser nuestros hijos futbolistas?

Es el modelo que se ha implantado en estos últimos años en España. Tú compras los mejores futbolistas, les pagas lo que pidan, tanto que inclusive otras grandes economías como la inglesa o la alemana no pueden competir, te los traes para acá… Y ese dinero lo estás pagando no porque el fútbol lo de, sino porque les están ayudando a base de subvenciones o directamente a través del urbanismo.

¿Por qué no podemos promover a nuestros propios futbolistas? ¿Y si nuestros futbolistas no ganan? Pues déjalo, ya ganarán. Vamos a intentar producir esos futbolistas, que los chavales desde pequeñitos, esa gente que tiene pasión y que puede ser su vida, que lleguen a ello, que no sean sólo espectadores del fútbol con el mando a distancia.

 

P: Se ha perdido la nobleza del deporte, ¿no? Se ha convertido en un negocio.

R: Claro, es un negocio. Yo creo que es muy importante separar las dos cosas. El fútbol como tal es un magnífico deporte y los futbolistas se ganan cien veces su sueldo, el problema está en los que están detrás. Claro, para el político es muy importante decir que el Real Valladolid vende si gana. El asunto es: el Real Valladolid, que gana de esa manera comprando futbolistas fuera, no es el Real Valladolid que queremos, lo que tiene que ser es un Real Valladolid que salga de la cantera.

 

P: Desde IU se ha criticado el “interés desmedido”, según sus palabras, de “ubicar absolutamente todo en esa zona que ya está suficiente dotada de edificios importantes produciéndose un desequilibrio exagerado con respecto a otras zonas, principalmente la Zona Este”. ¿Está desequilibrada la ciudad de Valladolid?

R: Sí, sí que lo está. No es una cosa que dependa exclusivamente del Ayuntamiento de Valladolid, sino que está en relación con la falta de una ordenación territorial. Ahí hay un proceso que es del Ayuntamiento de Arroyo, de Zaratán, de Simancas, por supuesto de Valladolid…

Esa zona se ha estado calentando desde hace muchísimo tiempo y entonces se han producido toda una serie de iniciativas que han ido favoreciendo ese proceso.

El problema es que si tú estás metiendo muchos equipamientos en la zona oeste lógicamente significa una verdadera congestión. La gente va a necesitar las vías de comunicación, van a utilizar los medios de transporte, y finalmente van a generar auténticos problemas desde el punto de vista urbanístico. Ese es el lío. No existe una coordinación que diga: “Señores, no vamos a meter más equipamientos aquí, vamos a limitarlos”.

 

P: Antes hablábamos de la competencia desigual que sufre el comercio tradicional con la implantación de grandes superficies. Óscar Puente argumenta que el comercio tradicional es un ente difícil de definir porque la mayoría son franquicias, que no queda tanto del comercio tradicional. ¿Qué opina usted?

R: Sigue habiendo comercio tradicional y es absolutamente fundamental que sobreviva. Hay que pensar en el comercio tradicional. Nosotros necesitamos la tienda de la esquina. Es absolutamente esencial pero nadie se ha preocupado de ella. Ahora no recuerdo la cifra pero hay un montón de tiendas que han desaparecido. Basta ir por la zona y verlo. Empiezas a ver muchísimos bajos que están vacíos y que no se colocan nuevas tiendas. Esto es la decadencia.

Esto es una situación muy grave porque eso significa que si la decadencia se produce en el comercio, automáticamente va a dar lugar a la decadencia de todo el centro. La gente se va a marchar. Tú necesitas un sitio para comprar la leche, el pan, las verduras. Tú no tienes porqué coger el coche e irte a Continente (actualmente Carrefour) siempre. La ciudad tradicional necesita el comercio tradicional. Si desaparece el comercio tradicional, desaparece la ciudad tradicional.

El asunto es que el Ayuntamiento tiene que preocuparse de favorecer y fomentar ese comercio tradicional. Si por el contrario lo que hace es generar por todos los medios comercios en el exterior, inclusive a través del Valladolid Arena, lo que está haciendo es ahogando al comerciante tradicional. Le está arruinando.

 

P: El alcalde habló el pasado veintiséis de septiembre de “esperar al nuevo Plan General que está en proceso” para sacar adelante el proyecto. ¿Sabe qué cambios podría incluir este nuevo plan que supuestamente darían viabilidad al proyecto?

R: Ese Plan General podría directamente establecer que esos espacios dejen de ser Sistemas Generales Deportivos para ser espacios comerciales y el problema se resolvería. La cuestión de la sentencia es que dice que tú no puedes utilizar un Sistema General para un uso privado. Lo que ocurre es que tiene que recibir la autorización de la Junta, pero si el Ayuntamiento hace mal las cosas, pues puede recibir la autorización, como así ha ocurrido con el Arena, pero es el juzgado el que lo tira para atrás.

 

P: La sentencia del Tribunal Superior de Justicia está caliente encima de la mesa. ¿Llamaría pelotazo al proyecto Valladolid Arena?

R: Sí, sí, es totalmente un pelotazo. Es lo que se entiende popularmente como un pelotazo. Es financiar cosas privadas a través de dinero público. Sacar el dinero de la caja pública para dárselo a un privado. Los accionistas del Real Valladolid meten los goles en los despachos del Ayuntamiento.

Sobre Vicente Sánchez

Vicente Sánchez es redactor y cofundador de reporperiodistillas, portal de reciente creación nacido de la mente de varios estudiantes de periodismo de la Universidad de Valladolid.