El Real Valladolid vence al Girona gracias a una pena máxima anotada por VÃctor Pérez en un partido insulso y sin brillo, en el que pudo perder incluso dos puntos en el tramo final.
El refranero español, sabio donde los haya, reza que lo poco agrada y lo mucho cansa. Sin embargo, no por ser sabio deja de equivocarse, pues en ocasiones olvida que de cuando en vez, por más que rece al Dios de guardia, éste sale por peteneras a la mÃnima oportunidad, dejándolo en evidencia.
Como por pocos creyentes que vayan al Nuevo José Zorrilla ha de entenderse que en rezos ganaban a los fieles del Girona, es de suponer que bien sabÃan Alá, Buda o Yahvé que al menos uno de ellos debÃa dar un empujoncito al Real Valladolid, pero fue ésta una de las tardes en que en el templo vallisoletano sobró la humanidad de unos pocos para que los blanquivioletas doblegasen al rival.
A los de blanco y violeta les fue suficiente con el tanto de VÃctor Pérez en el primer periodo para meterse en el zurrón los tres puntos de la colecta con la misma candidez con que la hija del reverendo dejó a Bart Simpson con un palmo de narices, castigado e incomprendido.
En buena lógica, quizá tampoco Josu Uribe pueda pedir mucho más, ya que, en ocasiones, no bastan buenas intenciones al final del capÃtulo de turno. Si el fútbol se escribiese en amarillo, quizá. Haciéndolo con el trazo grueso de la competitividad, difÃcilmente con tan pocos mimbres pueda hacer mejores cestos.
El solo hecho de buscar expiar sus pecados comulgando con el gol pudo haber supuesto que el Girona se fuese dejando la sensación de ser un párvulo angelical, de esos que la santificada oblea la cogen con la mano y la comen a solas en una esquina con reparo.
La hostia -con perdón- no habrÃa sido nada justa, y Jaime asà lo entendió al sacar de forma portentosa el cuero endemoniado que envió hacia su meta Jandro a falta de apenas un suspiro para el final. “Virgencita, virgencita…”, parecÃan murmurar los feligreses, mientras tanto. ¿O acaso censuraban la actuación del sacerdote que come cordero en pleno viernes de vigilia?
Las voces, en fin, parecÃan no permitir que aquellos a los que iba dirigido el sermón que el entrenador lanzaba desde el banquillo captasen el mensaje como éste pretendÃa. De lo contrario, y salvo que los hombres de Djukic actuasen en un acto de caridad, difÃcilmente uno podrá explicarse cómo tanta posesión ante un rival tan pobre sirvió de tan poco.
Teniendo en cuenta que el fútbol es deporte de cruzadas, y más esta segunda división, parece poco probable imaginarse a un ejército perdonar a otro por el mero hecho de ir ellos a caballo y el enemigo a gatas. Más lógico es creer que si no hubo más ocasiones -¡y goles!- fue, simple y llanamente, porque no fue su tarde.
En un partido propicio para golear -no por clasificación, sino a tenor de lo visto- bastaron un gol y dos destellos para seguir leyendo ‘Real Valladolid’ en una de las primeras lÃneas de la hoja parroquial. Sin pretender condenar a los infiernos a los vallisoletanos, es de justicia reconocer que en los próximos envites debe volver a elevarse sobre sus rivales como hasta hace escasas semanas hacÃa. Porque en cuestión de fútbol el refranero falla. Ni lo poco agrada ni lo mucho cansa.



