La noticia de la destitución de Sergio Pellicer en Málaga no fue del todo una sorpresa. Es por eso que trazar un camino entre Pellicer y su reemplazo, Juan Funes, es necesario para entender qué puede cambiar en un puñado de días para saber qué Málaga CF se puede encontrar el Pucela en su nuevo partido liguero en el José Zorrilla.
Solemos estar acostumbrados a ese escenario tan de rutina que acompaña los malos resultados en un equipo, más cuando ese equipo pretende, no solo vivir holgado, sino tratar de aspirar a más. En el equipo malagueño, la realidad estaba yendo en dirección contraria.
Un drama fuera de casa
Y lo cierto es que en el trabajo de Pellicer no todo era negativo. En casa, las cosas no iban para nada mal. El Málaga era y sigue siendo el sexto mejor de la categoría en casa, consiguiendo el objetivo de equilibrar las derrotas, con solo un duelo perdido en La Rosaleda. Una marca clave para saber que su camino durante lo que llevamos de temporada sí ha tenido puntos clave positivos de los que asirse para darle créditos al trabajo de Pellicer.

En cambio, la realidad más desapacible llega con esos duelos alejados de la capital malagueña. El equipo andaluz sólo ha sido capaz de ganar un duelo fuera de casa esta temporada, siendo esos los únicos puntos recolectados en esa variable y siendo, con justicia, cuarto peor equipo de la categoría en ese sentido, solo por delante de Real Sociedad B, Éibar y Huesca (este último, en una situación exacta en cuanto a su baremo de visitante).
De hecho, cuando se pite el inicio del Real Valladolid-Málaga del sábado, el equipo andaluz llevará noventa días exactos sin celebrar una victoria fuera de casa, desde que el 31 de agosto de 2025, al poco de comenzar la aventura que está siendo la 25/26, ante una Unión Deportiva Las Palmas que caía ante el Málaga con un solitario gol de Rafa Rodríguez, uno de los héroes del equipo malaguista.
Pellicer, un héroe insostenible
Es ahí donde se rompe la balanza de un Málaga que necesitaba un cambio y la destitución de Pellicer era esperada. La llegada de Funes no se debe a una preferencia de estilo o de mordiente, sino a una búsqueda de cambio de mentalidad, de rotura de la dinámica tan compleja. Algo común en el fútbol moderno y que obliga a revisar la propia trascendencia de los entrenadores en el sino de un equipo.

No se olvida, de todos modos, el servicio que Pellicer dio en Málaga en momentos muy complicados para la entidad. En años anteriores, su gran gestión permitió al Málaga vivir en una competición muy complicada y, sobre todo, de mucha exigencia para todas las partes. Él mismo, en su despedida, reconocía que este puesto en el banquillo malaguista fue “todo un sueño”.
Funes, ilusión y mentalidad ofensiva
Habiendo pasado solo una primera prueba tras la última caída de Pellicer ante la Cultural, poco se puede decir de la intención de Funes en su nuevo puesto como entrenador del Málaga. Aún así, sí hay matices interesantes en ese primer examen ante el Mirandés, que logró hacer caer de su lado con un marcador ajustado de 3-2 final ante los burgaleses.

Esa mayor intención ofensiva, variando el sistema durante el partido y con la vista puesta en un posible cambio de dinámica para el futuro, variando del típico 1-4-4-2 hasta ahora a modelos más fluidos, como el 1-4-5-1 o, incluso, dibujos atrevidos como el que podría ser un 1-3-2-4-1.
Lo que sí se ve es una tendencia más clara a apostar por la verticalidad y un mejor orden a la hora de salir jugando, fijado en la figura de Izan Merino; y de presión constante en campo rival, tratando de no sufrir tanto en transición defensiva y reducir los espacios entre robo y oportunidad.
Un plan de ruta que puede comprometer más a una plantilla algo mermada por el rendimiento y las necesidades y que, seguro, deberá multiplicar su cercanía a meta rival para defender su juego, también, lejos de Málaga. Es el único camino que debe seguir el equipo andaluz tras trazar una senda entre las figuras de Pellicer a Funes.
