Es difícil que alguien que supere la treintena en Valladolid no recuerde con cierto cariño esa época pucelana en la que en la portería paraba un argentino llamado Albano Bizzarri. El argentino llegó a Valladolid para ser un portero de categoría para suplir a un mito como César Sánchez, que había tomado el camino contrario: de Valladolid a Madrid.
Nacido en Etruria, una localidad de Córdoba, Argentina, en noviembre de 1977, el arquero iniciado al fútbol en la escuela de Talleres, poco a poco fue mostrando su calidad como portero. De las calles a los campos de tierra y el baby fútbol, donde empezó a ganar reconocimiento. Portero ágil, que conseguía estirarse casi a todas las pelotas que lo amenazaban. A veces tendente al error por su pasión y su valentía, Bizzarri destacaba precisamente por lo mismo que a menudo le condenaba.
En Argentina, pasó por Racing de Avellaneda antes de recalar, en 1999, en el Real Madrid, que buscaba porteros para guardarle la espalda a Illgner. Ese año, además, logró ser parte de la selección albiceleste para la Copa América, aunque acabó siendo suplente por detrás del ‘Mono’ Burgos, del Atlético de Madrid, y acompañando a otro arquero del fútbol español, Carlos Roa, destacado en el Mallorca.
No era el primero y tampoco iba a ser el último, pero sí fue uno de esos recién llegados a Valladolid desde todo un Real Madrid. Su etapa en el club madridista es corta, pero, como él mismo reconoce, “tuvo la oportunidad”. Algo que no muchos pueden decir. Ser portero del Madrid no era sencillo. Un ídolo como Bodo Illgner era su compañero en la portería, en una temporada en la que empezó a aparecer un tal Iker Casillas.

Durante esa campaña 99/00, Albano Bizzarri jugó siete partidos. Fueron 588 minutos como portero de todo un Real Madrid. De hecho, fue protagonista, para mal, de un derby madrileño para el recuerdo, donde el Atlético de Madrid acabó ganando por 1-3 en el Santiago Bernabeu. Bizzarri fue expulsado en el minuto 49 como gran sorpresa del partido, dando paso a Casillas a tratar de solventar la papeleta.
El Atlético de Madrid no marcó más y ganó, pero esa temporada bajaría a Segunda División. Albano Bizzarri, en cambio, ya no jugaría nunca más con la camiseta del Madrid, poniendo rumbo a Valladolid. Ese movimiento significó dos cosas: que Bizzarri llegaba a Valladolid y que César Sánchez acababa siendo fichado por el equipo blanco. Intercambio lógico.
La caída a Segunda División con Bizzarri
Con Bizzari se vivió casi de todo. Incluso más de un cambio de ruta evidente en cuanto a la dirección de un club que necesitaba adaptarse a un cambio de contexto que no solo afectaba al Valladolid, sino también al campeonato liguero. Todo estaba cambiando. Es por eso que la experiencia de Bizzarri en Valladolid le dio casi de todo. En verdad, todo menos un ascenso.
La realidad de todos esos cambios afectó al Pucela y a su afición, pero también a lo que debía ser el sino de un club otrora acostumbrado a poder luchar por puestos altos de una liga que empezaba a ponerse cuesta arriba para equipos que no fueran Barça o Madrid. El Pucela de esos años, con grandes talentos aún y con la necesidad de seguir en la senda del éxito y de la competición en zona alta, fue viendo cómo iban perdiendo potencia en un torneo casi preparado para los gigantes.

En su primera año, con Ferraro y, al borde del final, con Pepe Moré, el Valladolid fue 16º, salvando la categoría de milagro, con solo la diferencia de goles como argumento. En los posteriores, la cosa mejoró, pero no fue radicalmente positiva. El Valladolid sufría más y, sobre todo, no conseguía asomarse a mejores metas. En la 03/04, con Fernando Vázquez a los mandos, el Pucela caía a Segunda División. Bizzarri bajó con el equipo y sufrió esos años en el infierno.
En el primer año, con Kresic, apenas dio para ser sextos. El siguiente, con Marcos Alonso y Alfredo Merino, cayeron a una poco digna décima plaza. Fue en la 06/07 cuando el equipo despertó, con Mendilibar a los mandos y ya sin Bizzarri en el equipo. Ese año, el Pucela subió ganando el trofeo de campeón, pero ya sin Bizzarri como guardameta.
La salida hacia Italia
En Valladolid llegó a parar en 189 partidos y, como blanquivioleta, sobrepasó los 16000 minutos jugados en el club. Actualmente, sigue siendo uno de los porteros más longevos en el arco del Real Valladolid (de hecho, es el quinto con más minutos tras Fenoy, Llácer, César y Masip), en su etapa desde la 00/01 hasta su salida cinco años después, en la 05/06, con destino Tarragona. Una parada corta, donde la Primera División no le quiso dar más oportunidades, bajando ese mismo año con el Nástic, que le dejó marchar ese verano hacia Italia.

El argentino pasó por varios equipos en el país transalpino, primer en Catania, donde fue importante sobre todo en su segunda temporada, algo que le valió para dar el salto a un gigante de Italia. La Lazio se hizo con sus servicios y le dejó ser meta suplente en un conjunto laziale enamorado de su titular, el uruguayo Fernando Muslera. Tras la marcha de este, los números aumentaron, pero apenas fueron notorios, superado también por el italiano Marchetti antes de su nueva salida, sin salir de Italia.
Tras la gran aventura en Roma, llegaron Genoa, Chievo Verona, Pescara, Udinese y Foggia, antes de la que fue su última parada en Italia, el Perugia. En 2020, con cuarenta años, colgó los guantes con la intención de no despegarse del todo de su máxima obsesión. Se le ha visto no pocas veces formando parte del equipo de veteranos del Real Madrid, donde mata el gusanillo en campos menos exigentes de los que vieron a sus guantes defender el arco. Una realidad que, en Valladolid, acompañó a toda una generación.
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