Dentro de todo un conglomerado de jugadores talentosos, el Racing de Santander tiene un arma importante llamado Íñigo Vicente. El extremo, sólido en ataque, se ha convertido en una de las piezas más interesantes del equipo y una de las piezas que José Alberto utiliza con más libertad para crear el entorno perfecto del ataque racinguista. Para el equipo cántabro, el extremo de 27 años es parte del alma de su equipo.
No es casualidad que el Racing esté explorando con tanta asiduidad y éxito ese caos ofensivo que le eleva al liderato y a la admiración. Tener una herramienta dentro de la plantilla como la que es Íñigo Vicente te dota de capacidad para descontrolarlo todo y acercarte la victoria al alcance de la mano. Un jugador completo, rápido de mente y, sobre todo, creativo. Un alfil para resolver los entuertos.

Así juega Íñigo Vicente
A uno no le apodan como ‘El Mago de Derio’ por nada. Nacido un día de Reyes de 1998, la calidad de Íñigo Vicente parecía comprometida con el destino. Vizcaíno y con unos comienzos que parecían augurar una gran pieza para el Athletic Club, su carrera empezó a ir por derroteros inesperados para él mismo, que tuvo que sobreponerse a su salida de Lezama y, sobre todo, a tener que convencer en escenarios inesperados donde su talento empezó a madurar como el que hoy conquista a propios y extraños en LaLiga Hypermotion.
La parada en Santander vino después de ese desafío fallido de convencer en San Mamés, pero también tras una buena muestra de credenciales en Miranda de Ebro. Las dos cesiones al Mirandés le valieron ser capaz de encontrar una vía de escape en la que poder ser él mismo y liderar un proyecto. Sobre esa intención, el Racing de Santander supo leer entre líneas y hacerse con esa premisa en 2022. Con una agilidad felina y una velocidad muy corriente, la virtud de Íñigo Vicente reside, sobre todo, en su intención y capacidad para encontrar el camino sencillo a través de la técnica, virtuosa y llamativa, de su pie derecho.

Liberar las zonas que deben ocupar otros y encontrarlos más tarde con claridad es el mayor de los talentos en un equipo que entiende ese misticismo relacionista de tocar en corto y buscar el hueco en largo. Íñigo Vicente es un arma superdotada en ese juego, que le permite ser caos y claridad al mismo tiempo. Siendo como es un líder técnico y posicional (siempre de fuera a dentro), Íñigo Vicente es el que toma la manija del esférico para dominar en conducción, en regate y en envío, siendo el catalizador de un juego que respira desde la figura de un jugador comprometido con la inventiva y la capacidad de crear peligro donde antes no había nada.
Gen creativo desde la banda
Si tantas veces se habla de la capacidad creativa de un equipo es porque es completamente necesario tener una base sólida desde la que el equipo pueda inventar. Y en lo que inventar se refiere, es común que se mire a la zona central, donde el Racing tiene piezas con la suficiente capacidad para representar bien lo que significa eso de «crear». Pero en el caso del equipo de José Alberto, su pieza más llamativa en todos los sentidos juega en banda y tiene esa facilidad para crecer desde la izquierda.

Diestro, con capacidad para trazar una diagonal y encontrarse, de golpe, con la función en la que es verdaderamente relevante (cocinando como mediapunta), Íñigo Vicente es de los que necesitan empezar en otro lugar para ir acomodándose durante los partidos. Incluso en ese marco, Íñigo Vicente necesita inventarse su posición, su fluidez y su capacidad para irse haciendo grande. Oportuno como pocos, su virtuosismo es capaz de ordenar desde el desastre y generar oportunidades a un equipo que vive de esa sincronía de banda a banda, encontrando situaciones que resolver cada poco tiempo e incluso hilando tramos geniales en medio de una tormenta de mediocridad.
El relacionismo de este Racing, ampliamente valorado incluso fuera de España, tiene mucho que ver con la capacidad de resolución de una zona intermedia de un Racing que ve como las extraordinarias ocurrencias de Íñigo Vicente las puede resolver Andrés Martín… o viceversa. E incluso que una pieza como la de Peio Canales, extraordinario en su función, ha sabido entender el rango del ’10’ oculto en banda que, cuando quiere, sabe hacer de su equipo una orquesta de cámara o un grupo de rock metal. Un genio de genialidad inesperada que sigue empeñado en aupar al Racing a LaLiga. Aprovechando y bebiendo de su talento, el sueño racinguista es posible.
