La primera temporada de Ibrahim Alani en el primer equipo del Real Valladolid no está siendo sencilla. Tras una primera campaña de adaptación al fútbol español que empezó en el Juvenil División de Honor y acabó con su prometedor debut en Primera División, el mediocentro nigeriano está pagando el peaje de lo que se puede valorar como una segunda etapa en ese proceso de aclimatación al fútbol europeo. Una en la que apenas tuvo minutos con Almada y que inició como titular con Tevenet, pero también con una necesaria sustitución.
Contra el Real Racing Club, en el estreno del técnico andaluz en el banquillo del Real Valladolid, Alani irrumpió en el once aprovechando la baja de Stanko Juric, el otro mediocentro defensivo puro del equipo. Lo hizo con dos futbolistas por delante, Meseguer y Lachuer, a los que escoltaba. Tenía sentido por ser la alternativa en el rol al croata y también porque el físico de estos dos, pero también el suyo, así como el esquema, le permitirían, por lo menos sobre el papel, ser expansivo y abarcar mucho espacio, empezando por el lugar que le correspondía en salida de balón.
En esta faceta, aunque no siempre se le percibiera cómodo, no estuvo mal: acertó los nueve pases que intentó en campo propio y, en general, solo erró dos; uno en largo y otro -quizás sorprendente- en campo contrario. Fueron en total dieciséis las entregas que intentó y erró dos, con un 89% de acierto, que, sin pretender opacar a Maroto (ni mucho menos: estuvo excelso), por ejemplo, estuvieron por encima de su 81% y de sus cuatro pases errados. Sin embargo, lo peor fue la sensación de precipitación y, sobre todo, de ir al límite, incluso, después de ver la tarjeta amarilla.
— PabloPuenteVideos (@PVideos66761) January 3, 2026
Alani y los excesos
La sensación de exuberancia física que ofrece Alani se ha visto en el Real Valladolid desde que llegó hace más de un año. Y, como sucede con este perfil de futbolistas, sobre todo en sus primeros pasos en Europa, su fuerza es también un signo de flaqueza que afea todo lo demás. No en vano, esa acción cerca del descanso, contra un rival de espaldas y estando ya amonestado, empobreció cualquier cosa buena que pudiera haber hecho y llevó a Tevenet a refrendar la creencia de que debía cambiarlo, latente ya, aunque tanto o más por contexto (Meseguer y Lachuer estaban muy lejos del nigeriano y este tiene menos clarividencia que Maroto).
Al ver el dorsal ’12’ en el cartelón, todo el mundo pensó que era normal, porque lo fue. Y aunque las estadísticas digan otra cosa (sin llegar a ensalzarlo, que no lo hizo tan mal), la sensación imperante era de que otra vez Alani había estado a punto de penalizar al equipo, como lo había hecho contra el Málaga, cuando por ese exceso de ímpetu recibió dos tarjetas amarillas en dos minutos, cuando apenas había salido al césped en el 81′. Aquello fue otra losa para él en una primera mitad de temporada durante la cual Almada apenas le dio minutos en LaLiga Hypermotion.
En total, son 253 minutos los que Alani lleva este curso, pocos para dar el siguiente paso, aunque normales si se tiene en cuenta que la élite no espera a nadie, aunque tengas 19 años o se te pueda considerar un futbolista, si no en formación, en proceso de adaptación. Después de lo que sucedió con Juma Bah, corrió el Real Valladolid a atarlo y a mostrarle una confianza condicionada hoy por lo del huevo y la gallina: no avanza en su aclimatación al profesionalismo porque no juega más y no juega más porque no avanza en ella, más allá de algunos tímidos brotes verdes que algún día haya dejado ver.









