No es nuevo para Mario Maroto eso de llegar y besar el santo. Lo demostró ante el Almería, marcando en el minuto 99 de juego, al poco de entrar sustituyendo a Julien Ponceau. El canterano encontró un balón en el área que supo rematar a la red lejos de las manos de Andrés Fernández y corrió hacia el córner con las manos en la cara. No podía creérselo. Era su primer partido en la 25/26 con el Pucela. El segundo lo sería el del Racing de Santander. En el banquillo, Tevenet, viejo conocido de las inferiores del Atlético de Madrid.
El técnico lo conoce de sobra, como dijo en la rueda de prensa posterior al partido. Tevenet conoce a Maroto y Maroto sabe lo que quiere Tevenet. «Cuando lo he explicado en el descanso, él tenía muy claro lo que había que hacer», llegó a decir Tevenet en sala de prensa. Esa cercanía quizá es la que hizo que el mensaje del sevillano calara en el mediocentro, que supo gestionar el balón y el rol con la naturalidad de quien lleva muchos más partidos en la élite.
Un Valladolid «más tranquilo con balón» con Maroto en el campo
Más allá de las virtudes conocidas de Maroto, hay que añadir la de ser capaz de conservar la calma. Su papel ante el Racing era de emergencia. El incendio en el centro del campo lo tendría que resolver él y su madurez a la hora de interpretar el juego parecía demostrar que estaba acostumbrado a ser bombero. Alani dejó el campo y Maroto pareció entrar con cuatro amigos a gestionar la pelota como sólo él sabe. Según Tevenet, el Valladolid fue un equipo «más tranquilo con balón» una vez que el canterano entró al terreno de juego.

Calidad, capacidad y presteza para dominar un centro del campo nada sencillo, con interiores que a menudo parecen olvidar que lo son. En esa misión de darle peso al juego, Maroto llegó con calma, se plantó en el centro y empezó a hacer las cosas bien. Su capacidad para darse la vuelta rápido al recibir, encontrar socios y hacer girar al equipo cuando es preciso le colocan como un futbolista con pocos enemigos en la plantilla blanquivioleta. No hay muchos futbolistas de ese tipo y con esa facilidad para gestionar el juego.
¿Se abre una nueva oportunidad?
Sí los hay con más calidad y más peso, pero pocos con esa templanza y con esa tranquilidad cuando juegan. Mario Maroto parece querer opositar a tener la confianza de Tevenet, pero hace una semana parecía que estaba más fuera que dentro. El mensaje que se movía en torno a las salidas parecía incluirle a él y los escasos minutos jugados (hasta ese momento, apenas 10-15 en el primer equipo) marcaba una injusticia difícil de paliar. Solo juegan once y Maroto no parecía poder ser parte de las rotaciones.
Al menos, hasta la llegada de Tevenet. A la primera de cambio, el nuevo técnico no ha dudado en confiar en él, quizá llevado por el recuerdo de lo que era y movido por lo que habrá visto en estos días. «Hay mimbres suficientes como para dar un salto de calidad», decía en su presentación, consciente de que iba a tener que convencer a todos de que la plantilla cumplía con esa máxima.

Y, en ese viaje, de momento, parece haber encontrado a un Maroto que, hasta el descanso del pasado sábado en Zorrilla parecía haber sido invisible. Sin saber si durará esa confianza y si Maroto forma parte de la idea de Tevenet para el equipo, la realidad es que el canterano ha demostrado aptitud para ser considerado algo más que un canterano con potencial.
Aunque todavía no ha habido muchas muestras de que el peso de Tevenet sea interesante hacia los jóvenes (no ha habido tiempo ni para eso ni para casi nada), Maroto pone de su parte y vuelve a mostrar qué es lo que puede dar a este Real Valladolid. El objetivo no se conquista con once canteranos, pero desde luego el equipo pareció otro con él en el campo. De nuevo, en palabras de su entrenador, el Valladolid pasó de «robar y perderla muy rápido a mejorar a través de la pelota». No es poca cosa.








