Nueve jornadas sin ganar, desde el pasado 26 de octubre, han sumido al Real Valladolid Promesas en una durísima situación. Clasificatoria, porque acabó 2025 en descenso y sigue en estos puestos al comenzar 2026. Pero, sobre todo, en cuanto a sensaciones, puesto que, si ya había dado muestras de debilidad en anteriores envites, la goleada encajada contra el Deportivo Fabril invita, definitivamente, a tomar decisiones durante este mercado invernal. Esta circunstancia ha pasado ya por la cabeza de las mentes pensantes de Zorrilla, en las que, como no puede ser de otra forma, la preocupación es máxima.
Y es que, aunque el Promesas ha sido un funambulista que caminaba sobre la cuerda floja estos últimos años, solo cuando Júlio Baptista fue destituido desprendió un olor como el presente. De hecho, la racha actual iguala los nueve partidos sin ganar acumulados en 2022… en Primera Federación. Y si en aquella temporada no se tomó la decisión de llevar a cambio los cambios suficientes como para elevar el nivel competitivo, en la presente, la nueva propiedad y la dirección deportiva que comanda Víctor Orta seguramente deberían decidir hacer algo distinto.

Una catarsis en el Promesas
Tal y como indicó Blanquivioletas, la idea que había en la planta noble era de no hacer muchos cambios, más allá de la intención de firmar un central y un delantero. Pero las situaciones extraordinarias requieren de medidas extraordinarias, y como quiera que el Promesas ha entrado en barrena, en esa misma planta cabe reconsiderar la idea. Y este señalamiento tiene un sentido: la prioridad, lógica, ha sido -y tiene que ser- el primer equipo, si bien la decisión de emplear parte de los recursos económicos a conseguir que el filial compita con mayores garantías compete más al club que a la dirección de cantera.
Transcurridas diecisiete jornadas de la Segunda Federación, la plantilla -por rendimiento y uso- se ha quedado escasa para defender la categoría, si se tiene en cuenta que se encuentra en posiciones de descenso a Tercera División -tema tabú, pero que, de abordarse, solo encontraría la palabra ‘catástrofe’ como sinónimo-, alejada del nivel individual y colectivo que cabe desear. A esto hay que añadir que, durante el primer tramo de temporada, Javi Baraja apenas ha contado, ya fuera por decisión técnica o por lesión, con varios integrantes de su plantilla.

Una plantilla que se queda corta
Así, a estas alturas, y sin contar a Hugo Wauthier, portero suplente de Álvaro de Pablo, seis futbolistas están por debajo del 25% de los minutos disputados hasta ahora. Sea por problemas físicos, como los que han tenido a Yago Rodríguez o a Platero fuera del equipo, o porque Baraja ha escogido de manera más habitual a otros, como les ha sucedido a Murcia, Flores, Yago San Miguel y Sergio Neira, la realidad es que el fondo de armario del filial apenas ha aportado en minutos y rendimiento, lo que, sumado a la juventud de estas piezas, podría hacer que la catarsis empezase por ahí… lo que podría ser hasta aconsejable con esos jóvenes.
Y es que, aunque la apuesta por la generación del 2006 se entendió, después de su histórica clasificación para la última Copa del Rey Juvenil, el transcurso de la campaña y la mayor experiencia de la mayoría de sus rivales le está pasando factura a un Promesas que, por momentos, tampoco ha podido disponer de algunas piezas clave como Koke, Hugo San, Xavi Moreno o Aranda, en dinámica del primer equipo y con poca participación en él. Si bien su rol sigue siendo ese, importante (obviamente, salvo el cedido Moreno), elevar la competitividad interna se antoja fundamental a estas alturas.

¿Pero qué fichar?
Llegados a este punto, la pregunta que cabe hacerse es qué perfil de jugador debería reforzar el Promesas. Y si bien podría parecer un retorno al pasado, o desdecirse de la política implantada en los últimos tiempos, dar alguna herramienta al entrenador que tenga una mayor experiencia que las menos usadas o las que puedan salir es una opción que no debería descartarse a la ligera. No se trataría necesariamente dar marcha atrás en la senda iniciada; sería, más bien, una forma de complementar a los futbolistas a los que se les ha concedido tanto crédito y confianza.
Devolviendo la pelota a la planta noble, sucede que esto cuesta dinero, uno que hay que estar dispuestos a emplear. Como quiera que el margen salarial que el Real Valladolid maneja no es mucho, o no lo era hasta que salió Javi Sánchez, al menos, como ese retrato robot, no es una cuestión menor. Merece la pena, sin embargo, analizar en profundidad la situación y, sin mermar en demasía la capacidad de reforzar el primer equipo, emplear más mimbres a un Promesas al que, duele decirlo, hasta la fecha, y con lo puesto, no le ha dado para defender la categoría en Segunda Federación.
