En el tejido de un equipo como el Andorra, pocos futbolistas pueden aportar tanto lustre competitivo como Sergio Molina. Futbolista por vocación, con una raíz fuerte en una de las mejores canteras del país, su viaje en el fútbol ha sido complejo, pero le ha servido para haber vivido, en una carrera aún no excesivamente larga, muchas más cosas que sus compañeros.
A sus 29 años, Sergio Molina ya es un veterano moral del equipo andorrano, siendo parte de un conjunto que aspira con seguir luchando por mejorar sus prestaciones y dar la cara en Segunda División sin sufrir de más. Uno de los futbolistas fundamentales para entender que el Andorra vuelva a estar en la categoría de plata y una de las vías lógicas para entender que el plan pueda funcionar.
¿Quién es Sergio Molina?
La carrera de Sergio Molina empieza en Madrid. Nacido en febrero de 1996, su trayectoria le llevó a pasar por varias escuelas de fútbol antes de recalar en La Fábrica del Real Madrid, donde llegó a ser jugador del Juvenil A a las órdenes de Luis Ramis.

Fue entonces cuando su carrera dio un salto en el verano de 2015, específicamente hacia Inglaterra, para vivir dos años en el Stoke City, donde formó parte de su equipo Sub-21. Con calidad para destacar pero pocas oportunidades en el equipo inglés, volvió a España para formar parte del primer equipo del Albacete, su primer paso firme en el fútbol de élite.
Desde ese año, su carrera apenas tiene trascendencia por los pocos minutos jugados en el conjunto manchego, desde el que se va cedido al Navalcarnero y al Salamanca UDS. Es en el equipo charro donde acaba quedándose en propiedad en 2019 y donde destacó hasta la apuesta, en 2021, de un Andorra que ha conseguido encontrar en él un gran jugador de garantías en el centro del campo que, además, aporta experiencia, virtudes en lo táctico y, sobre todo, liderazgo.
Así juega Sergio Molina
Mediocentro de formación, con paso por otras posiciones temporales como la banda, el interior y hasta con momentos como central, el jugador madrileño se ha caracterizado, sobre todo, por su facilidad para entender el juego y dominar el ritmo de los partidos con solvencia.
Más de toque que de choque, la virtud de Molina nace en su capacidad para adelantarse a los movimientos del rival y potenciar la velocidad de asociación de un Andorra que, esta campaña, está sufriendo de más. En cuanto a su producción, Molina es ya uno de los destacados en cuanto asistencias, sin ser ese su valor más alto dentro del centro del campo del Andorra.

Con dos asistencias repartidas en lo que va de temporada, el valor seguro del Andorra con el jugador nacido en Madrid es confiar en su sensatez y buena capacidad para dominar con balón. Siendo el Andorra un equipo con querencia por un estilo alegre, directo y con gusto por la circulación en zona de creación, tener un futbolista como Molina es un seguro de vida.
Organizador nato, su presencia en la medular garantiza, se use el sistema que se use, un buen trato al balón y una gran capacidad para prestar calidad a su juego, opciones para la salida de balón e incluso capacidad para medirse en mediocampo. Sin ser un jugador famoso por su dureza, la capacidad para anticiparse le hace un futbolista clave para entender mejor el plan rival y contrarrestarlo.
Sin poder asegurar que el plan de viabilidad del Andorra en Segunda División pueda depender de un solo jugador, la realidad es que elegir a Sergio Molina sí parece una buena decisión para poder ganar capacidad para entender el camino y quedarse un año más en la locura de LaLiga Hypermotion.










