Durante el Real Valladolid – Málaga se vivió un hecho curioso, que seguramente pasó desapercibido para mucha gente; no así para quienes han seguido la trayectoria de Silvia Fernández. La colegiada ejerció de asistente número 2 de Alonso de Ena Wolf (esto es, la de la banda contraria a los banquillos), lo que le permitió volver a casa, pues es vallisoletana. Lo que puede parecer inaudito no lo es tanto, puesto que está adscrita desde hace años al Comité Cántabro -reside allí- y es, estando en este, consiguió ascender a LaLiga Hypermotion en 2024.
Silvia es uno de los referentes del arbitraje vallisoletano, pese a encontrarse lejos de Valladolid. Es más: es, junto con Oliver de la Fuente Ramos, del cuerpo específico de VAR, quien ostenta una mayor categoría de cuantos árbitros hay en Pucela. Lo es, además, después de dos décadas de esfuerzo, puesto que, a sus 37 años, dirige desde los 14. Durante todo este tiempo ha vivido, como no puede ser de otra manera, la evolución del fútbol, tanto del masculino como del femenino, y ha experimentado una ella misma, por ejemplo, en el plano físico, puesto que ha evolucionado mucho para adecuarse a las exigencias del profesionalismo.

El estreno de Silvia en Los Anexos en 2019
Blanquivioletas ha sido testigo de este crecimiento, acompañándolo en ocasiones en su labor informativa, como hizo en abril de 2019, cuando por primera vez estuvo presente en Los Anexos, ejerciendo como juez de línea en un partido del Real Valladolid Promesas, o anteriormente, cuando quemó etapas dentro del fútbol femenino (llegó a la máxima categoría, también, como asistente) o hasta del fútbol playa. Formada como profesora, fueron sus estudios y su trayectoria profesional, dentro y fuera del campo, lo que le llevaron a mudarse a Cantabria, tras alcanzar en Valladolid la Tercera División.
En todo este proceso, Silvia llegó incluso a a estar presente en partidos de la Champions League femenina o a ser internacional, formando equipo con otras dos referentes del arbitraje femenino como la palentina Marta Huerta de Aza, colegiada principal en Segunda, o la extremeña Guadalupe Porras Ayuso, también asistente y que milita en Primera División. Acumula, por lo tanto, muchos méritos a lo largo de una trayectoria en la que muchas veces ha tenido a su lado a su inseparable Esther Martín Alonso, compañera de fatigas y confidencias, aficionada del Pucela también y quien a buen seguro habrá sonreído viéndola en el césped de Zorrilla.
Volviendo a este encuentro, Silvia Fernández Pérez no tuvo mucho trabajo (o no tuvo que tomar, al menos, decisiones decisivas), y el que tuvo, lo resolvió bien. En la primera mitad el Málaga apenas cruzó la medular, por lo que no se vio apenas exigida por el cuadro blanquiazul. Más lo hizo el Real Valladolid durante la segunda, en la que buscó mucho la portería del Málaga -sí, a su manera-; además, corriendo sobre todo por su costado, el derecho por el que los blanquivioletas atacaron, en la primera ocasión en la que volvía a casa, ya que la pasada campaña, por razones obvias, no pudo hacerlo.
