En solo dos semanas, Luis García Tevenet ya ha conocido la exigencia que entraña ser entrenador del Real Valladolid. El sevillano ha obtenido un punto de los seis disputados, un bagaje escaso, como -todo hay que decirlo- escaso es el margen que ha tenido para que los cambios que quería llevar a cabo causen efecto. Ocurre que LaLiga Hypermotion no espera a nadie, y que el ‘efecto Tevenet’ era, si no esperado, por lo menos sí deseado. Y sin embargo, el conjunto blanquivioleta ha cerrado la primera vuelta manteniendo la tendencia a la baja.
En la rueda de prensa posterior a la derrota frente al Leganés en Butarque, no sin razón, Tevenet se hizo cargo de lo que le compete, de los dos partidos que ha dirigido él. «No podemos comparar con otros partidos», indicó en su análisis, haciendo referencia a los de rivales como el Real Racing Club el sábado, que mostraron más respuesta a los goles encajados por el contrario, si bien, hablando del trabajo defensivo fue más rotundo al echar más balones fuera: «Si queremos contar el partido de Eibar lo podemos contar, pero era un momento en el que Luis Tevenet no estaba».
Fue Sisi González el que se sentó entonces en el banquillo, mientras él esperaba a que pasara para que el acuerdo se hiciera oficial. Sin embargo, tiene responsabilidad no sobre lo que pasó ese día, sino sobre la mejora anímica y futbolística de un equipo que, igual que en Ipurua, al recibir el primer golpe cayó a la lona. Aunque en Leganés trató de levantarse y tuvo el balón, fue tímido y no dio demasiadas muestras de que su reacción fuera confiable. Más bien al contrario, siguió sufriendo con muy poco, penalizado por errores que si bien son más individuales que de concepto, castigan.

Tevenet y la normalidad
Fallos como los penaltis cometidos son inimputables a los entrenadores, aunque se les valore también por ellos, cuando menos de manera atenuada. Estos los había con Guillermo Almada y siguen existiendo con Luis García Tevenet, hasta el punto de que en sus dos primeros encuentros el Real Valladolid ha cometido tres penas máximas. Porque aunque no lo pareciera, la de la igualada contra el Racing lo fue, se pitó, con el agravante de la posterior expulsión a Pablo Tomeo, y las de Iván Alejo y Jaouab hicieron que las cosas se pusieran pronto en contra en Butarque.
Así, al técnico sevillano le han sobrevenido situaciones más difíciles de controlar desde una pizarra que, a priori, habla el mismo idioma que el de los jugadores. Como muestra, siquiera somera, porque no fue una crítica, las palabras de Víctor Meseguer tras empatar ante el Racing: «Tevenet le da más importancia a cosas tácticas, al orden y a otros conceptos; a lo que es el fútbol español, muy rico tácticamente. Almada era distinto: te pedía hacer muchos esfuerzos, repetir intensidad, apretar arriba, recuperar y atacar rápido».
Sí, efectivamente: Guillermo Almada hablaba español también, si bien vale lo del idioma para definir la contestación, o por lo menos extrañeza, que causaban internamente sus métodos, no tanto porque el equipo no asimilase -como así hizo- entrenar tanto durante los primeros meses del uruguayo en Zorrilla como porque no dotaba al jugador de las mismas herramientas que Tevenet, con el que se ha adoptado una mayor normalidad si por esto se entiende una metodología más europea y con mayor presencia de detalles ‘micro’.
Sin embargo, la mano del nuevo entrenador apenas se ha visto en pequeñas cosas que deberían ser más grandes; como la salida de balón en su debut en Zorrilla o algún intento, hasta ahora tibio, de que los centrocampistas tengan más protagonismo que en la presión y la finalización. Incluso, hablando de la presión, pareciera que el «no ser kamikazes», como Tevenet enunció, ha sentado mal a un equipo que ha ganado en el manejo de las alturas, pero no roba igual que antes. Esto, y ahí sí tiene responsabilidad Tevenet, no es solo por lo que él ha cambiado: forma parte de una tendencia de bajón competitivo que viene de antes, pero que él está obligado a revertir.






