El partido contra el Racing de Santander fue la primera ocasión que se tuvo de ver al Real Valladolid de Luis García Tevenet. No era el suyo al cien por cien, porque en cinco sesiones no se construye un equipo, pero lo cierto es que ya hay detalles que parecen marcar su hoja de ruta. Detalles que pueden parecer insustanciales pero que pueden llegar a sustentar la idea de un entrenador que, desde el inicio, tiene claro cuál es su idea.
Sabiendo que hay piezas por llegar y con lesiones clave que pueden cambiar esa orientación del mercado, es vital tratar de entender qué pretende Tevenet con los suyos. En cómo concilie su idea con esta plantilla está la vía al éxito. Lo que se pueda hacer con esta plantilla es lo que servirá para competir y luchar por el objetivo marcado. A falta de más detalles que podamos ver con el tiempo, el empate ante el líder ya parece mostrar algunas de las claves que parece querer reorientan el entrenador sevillano en Valladolid.

Presión sí, pero a otra altura
No quiso Tevenet que su equipo arriesgara de más. Primero, porque el Racing de Santander es un equipo temible a la contra, pero sobre todo porque quiere medir bien los esfuerzos y las zonas en las que el equipo muerda. Es algo evidente que, cuando el equipo ha conseguido encontrarse cómodo en la altura de presión, se han visto mejores versiones de este Pucela. Pocas, es verdad, pero se han visto. Sin ir más lejos, hubo un cambio con respecto al partido de Huesca, principalmente por las zonas en las que el equipo elegía arriesgar.

«Esperaba un equipo más presionante», dijo José Alberto en rueda de prensa. No es raro, sobre todo sabiendo que ha sido una de las premisas del Valladolid de Almada desde el inicio. Algo que, desde luego, Tevenet quiere adaptar a su idea para evitar ser «kamikaze», como él mismo dijo, así como medir mejor la disposición del equipo para poder calibrar la resistencia que deberá condurar el conjunto blanquivioleta en cada duelo para ser, sobre todo, competitivo.
Importancia del pivote para girarse y salir
Quiere Tevenet, además, darle un rol clave al jugador que tenga la función de recibir en inicio de jugada, girar y buscar salida. Algo que puede parecer extraño en un equipo que quiere ser vertical y profundo, pero para nada desencaja en esa intención de orientar el juego a través de interiores como los que parece querer el entrenador sevillano, con un 1-4-1-4-1 que, a menudo, pasó a ser 1-4-3-.3 en ataque. Y sí, es redundante ya alabar a Maroto, pero es algo que se vio claro con él en el campo.

Quizá en contraste con una figura como la de Alani, que no estuvo nada preciso, ni por ritmo ni por pulsaciones, con lo que exige ese rol. Aunque ya le hemos visto brillar como jugador del Real Valladolid, la necesidad de este Pucela quizá pase más por la calma y el pase corto en la base que por la búsqueda de jugadores alejados. Esa interpretación del juego en la base encajó mejor en un canterano que en otro, por la simple diferencia de estilo.
Intención de que los interiores se miren más
De la primera a la segunda parte, la presencia fue clave para juntar un poquito más a los interiores. Fue el pegamento para que Lachuer y Meseguer mezclaran más su juego. De hecho, en la primera mitad se vio demasiado lateralizados a los interiores, sin un sentido práctico más allá de darle salida a los extremos cuando estos recibieran. El problema, como es obvio, es que no la olían. No había manera de hacer que los interiores tuvieran influencia.

Eso cambió de golpe tras el descanso, con un Lachuer mucho más preciso y presente y un Meseguer que a veces jugaba como mediapunta y a veces como segundo mediocentro, dándole salidas a Maroto o a Lachuer y, sobre todo, teniendo más presencia en zonas de activación del juego por dentro. Que Lachuer y Meseguer (o a quienes le toque jugar) se miren más y se relacionen parece vital para que el juego del Valladolid tenga un sentido más práctico. Si no para crear la base de un juego reposado basado en el pase, sí para darle ese primer escalón antes de acelerar.








