Las 3 claves de la derrota del Valladolid ante el Leganés

Publicado el 12 enero 2026 15:00h
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Biuk Valladolid Leganés

Lo visto en Leganés es muy grave. Tanto que aglutinar tres claves puede ser complejo, al hacer un partido tan malo desde casi todos los puntos de vista por parte del Real Valladolid. Muy poco que salvar de un equipo que volvió a decepcionar, esta vez fuera de casa. La visión que supuso la segunda parte en Zorrilla ante el Racing, todo un líder de la categoría, no anticipó un rendimiento tan malo del Pucela, que mostró una de las peores caras del curso y que lo aboca a una realidad compleja en la que vivir en la complacencia de empezar a pensar que no da para más con los mimbres que tiene.

Eso o que no se está sabiendo sacar el jugo a un grupo de jugadores a los que el comienzo del nuevo año no les ha cambiado el chip de 2025. Aún con camino por recorrer a pesar de la urgencia de los acontecimientos, la sombra de los puntos que separan al equipo blanquivioleta del foso del descenso es tan clara que asusta al más pintado y vuelve a poner el foco en los matices que muestra este equipo en cada jornada.

En este vaivén mortal entre los brotes verdes mínimos de la pasada semana y el golpe durísimo de esta, es ya vital hacer balance de lo que es y puede ser este equipo para poder luchar, esta vez sí, con el objetivo claro. Con la intención de entender la caída en Butarque, saco las que para mí son las tres claves esenciales para entender esta nueva derrota blanquivioleta fuera de casa, en el duelo entre el Real Valladolid de Luis García Tevenet y el Leganés de Igor Oca.

Demasiados errores para jugarse tanto

No se entiende un Valladolid sin errores. Prácticamente en cada jornada se muestra alguna jugada en la que el equipo pucelano cae en errores propios, a veces forzados y otras sin forzar. Es algo que, con el margen que se tiene, no se puede consentir. Si ya el baremo de ser recién descendido otorga un papel y una capacidad que, de momento, el equipo no está mostrando, dar facilidades a los rivales, tengan el músculo que tengan, es un añadido que puede suponer el caos.

En un partido horrendo desde casi cualquier punto de vista, la mirada individual a los jugadores muestra un partido especialmente marcado por errores clave de muchos jugadores que, en otros momentos han sido destacados por lo contrario. El de Butarque es, sin duda, el peor partido de Guilherme desde que viste la blanquivioleta. Un portero de garantías que, en el mismo partido, falló como poco en tres ocasiones muy claras y que, además, mostró una inseguridad atípica.

Guilherme Valladolid Leganés
Guilherme, en su peor partido como blanquivioleta | Foto: Real Valladolid

Además, en defensa, clara referencia a Iván Alejo y su penalti, en una acción claramente evitable; o a Jaouab, uno de los jugadores del primer equipo con menos minutos disputados que no fue capaz de pulir algo su imagen, con situaciones de juego que le señalan claramente por su falta de rodaje (como en el penalti) o por su falta de concentración (como su marcaje a Marvel en el segundo tanto del Leganés).

Hasta la presión estuvo desdibujada en un partido en el que fallaron casi todos y una realidad que va más allá de la defensa. Ponceau estuvo muy por debajo de lo esperado para generar algo de juego entre líneas, Erlien debutó como titular mostrando que es muy flojo como referencia (y fallón en el área), un Juric que vuelve a quedarse muy corto, y un Tenés al que, sabiendo su calidad individual, se le pide mucho más a nivel de juego y mucho menos en cuanto a gestos que no ayudan a entender que todos van a una. Quizá es que no es el caso.

Equipo más que plano

Decir que no jugamos a nada quizá puede parecer duro, pero la realidad es que el equipo se queda muy lejos de lo que, incluso, ha podido mostrar esta temporada. Si con Almada el problema era la conversión de oportunidad en gol, la realidad actual es que este equipo tampoco se ve capaz de igualar fuerzas con el rival. Se queda a distancia de poder ser un equipo con personalidad que tiene un plan ante su oponente.

Maroto Valladolid Leganés
Maroto esta vez no fue la solución | Foto: Real Valladolid

Con Juric en el medio, la realidad parece compleja en cuanto a capacidad para explotar el páramo productivo que es este equipo a nivel de creación, pero todo va un paso más allá. Pero eso solo es el principio, pues en los escalones posteriores tampoco se ve algo distinto. En un partido en el que solo Peter parecía querer ofrecer algo diferente para tratar de tener algo de vida en ataque, en el Pucela todo fue plano, insípido y vulgar, sin espacio para entender que hay un camino que seguir y que muestre una voluntad de mejora.

En el partido de Butarque, el Pucela daba sensación de ser peor que en el resto de la temporada en cada línea. En una temporada en la que al que al equipo pucelano le ha pasado de todo, la realidad es que no parece estar en una dinámica en la que se pueda encontrar una mejoría o, como poco, una estabilización. Las muestras no son esas. Una dura realidad que debería hacer reflexionar a todos en el club, desde la dirección deportiva a la plantilla, sobre los objetivos que debería tener este club, los mimbres al alcance y las oportunidades reales que tiene este equipo de optar por una realidad mucho más brillante esta temporada.

Sin respuesta táctica

No hubo reacción y eso parece lo más preocupante. Si la hubo, fue en ganas, casi bebiendo de la intención del Leganés de quitar el pie del acelerador, no tanto por entender que el equipo creciera en ningún sentido. Se acercó más y generó más, pero nada mostró una identidad o, siquiera, una pizarra que acercara las oportunidades al marcador del equipo. No hubo en todo el partido un cambio significativo en cuanto a la voluntad de cambiar el plan marcado.

Tenés Valladolid Leganés
Tenés, en una acción del encuentro | Foto: Real Valladolid

El camino al gol era el mismo en todo momento y ni siquiera en los cambios hicieron experimentar algo diferente que pudiera mostrar un Real Valladolid distinto, más rápido, más creativo, más solvente arriba o que generara una mejoría a los que estaban. No se vio nada mejor y la muestra clara está en que, cuando el Leganés metió piezas de refresco, el equipo volvió a desaparecer, ocupando de nuevo los espacios que habían cedido con el pasar de los minutos y anulando la escasa mejoría del conjunto visitante.

No, el Valladolid no cambió su modo de entender el partido o atacarlo. Ni siquiera de defenderlo. La voluntad era la misma y las herramientas cambiaron sin demasiada influencia. En Butarque no quedó siquiera una fotografía a la que asirse buscando esperanza. El clavo ardiendo, esta vez, no fue capaz de mantenerse firme ante un peso tan colosal como el de un equipo blanquivioleta sin fe, sin guion y sin identidad.

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Miguel Ruiz

Periodista especializado en fútbol internacional | Scout y analista táctico

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