Las 3 claves de la derrota del Valladolid ante el Albacete

Publicado el 25 enero 2026 21:00h
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Latasa

Otro palo más en casa. Y van unos cuantos. Tantos como cinco. De hecho, la última victoria del equipo pucelano en el feudo blanquivioleta data del 3 de noviembre, ante el Granada. Una dura mirada atrás que confirma la dura realidad que atraviesa un equipo que, semana tras semana, olvida lo aprendido. Un equipo que sigue cayendo en cuestiones graves a nivel de estructura y que sigue cavando su tumba a nivel de objetivos, con un durísimo horizonte en el que se deberá entender hasta donde, de verdad, es capaz de llegar el Real Valladolid esta temporada.

Siguiendo los pasos de esa montaña rusa, en el que el vaivén nos empieza a marear entre la ilusión y la decepción semana tras semana, parece necesario hacer balance de lo que sigue siendo importante para entender los porqués de la nueva derrota del equipo. Con la intención de entender esta nueva caída en casa, saco las que para mí son las tres claves esenciales para entender otra derrota blanquivioleta en el José Zorrilla, en el duelo entre el Real Valladolid de Luis García Tevenet y el Albacete de Alberto González.

Un Real Valladolid demasiado largo

Y no, no es porque a muchos se les pueda hacer demasiado largo el partido. En cambio, hablamos de táctica. De conceptos a los que recurrieron tanto Tevenet como Meseguer en sala de prensa, posteriormente a la nueva derrota del equipo en casa. Eso de «hacerse largo» en fútbol es clave, porque con once jugadores, lo de defender un campo demasiado largo es complicado. Esa realidad, entendida como parte fundamental a pulir con eso que llamamos presión alta, es intrascendente si el resto del equipo no acompaña.

Latasa Valladolid
Latasa, luchando un balón en campo rival | Foto: Real Valladolid

Si la defensa no empuja la línea por detrás en el equipo, surge ese alargamiento de los jugadores que abre una extensa estepa que puede ser aprovechada por el rival y que, además, complica un nuevo salto de presión. Para ser más pedagógico, debemos entenderlo todo como un campo con tres líneas: una ofensiva, otra media y otra defensiva. Las tres deben ir al compás, subiendo o bajando en bloque, siguiendo la iniciativa de la ofensiva y tratando de que la media y la defensiva no se descuelguen. Como un baile, vaya. Intentar seguir el ritmo sin pisar (sin juntarlas demasiado) y sin perder el paso (separarlas mucho).

Darle alas al rival

En el momento en el que pasa, existen espacios muy útiles para el rival, pues la presión con más espacio es mucho más difícil y, sobre todo, puedes desencadenar una contra (ideal para el Albacete), que haga trabajar de más al equipo. De ahí sale la sensación de que en la segunda mitad el equipo apenas pudiera presionar y, sobre todo, ese cansancio evidente en los últimos quince o veinte minutos de partido, más allá, incluso, de esa realidad que supuso quedarse con diez a falta de siete minutos de partido. Cuanto más espacio a cubrir, más corres para buscar la pelota.

Iván Alejo Valladolid
Iván Alejo, en un lance ante el Albacete | Foto: Real Valladolid

Además, cabe destacar la problemática existente en faltas o errores que dan lugar a acciones que puedan permitirle al rival progresar o encontrar vías para finalizar. La acción de la expulsión de Iván Alejo, sin ir más lejos, es la que provoca una falta que acaba significando el gol rival. En una zona del campo en el que la falta no es necesaria, en un momento del partido en el que se tiene que intentar, parafraseando a Tevenet, «no perder el partido» y, sobre todo, con la amarilla previa como aviso, Alejo corrió demasiados riesgos derribando al rival, más allá de que se entienda que las dos amarillas son o no merecidas.

Sin capacidad para crear (capítulo 23)

Según Tevenet, el Real Valladolid quiso «más fluidez en medio e intentar ser dominadores desde la posesión». Es una buena idea, pero pretender esa dominancia con lo que se tenía en el campo era complejo. El propio dibujo en el campo parecía dificultar, a través de las líneas de las que ya os he hablado, una continuidad en el juego. Hay dos razones fundamentales que se me vienen a la cabeza para que esto sea así: plantilla y capacidad. Por un lado, la confección de la plantilla, a mi juicio, ha descuidado un perfil creativo que debería haber llegado en verano o en enero.

Chuki Valladolid
Chuki, uno de los creativos más dotados del Pucela | Foto: Real Valladolid

Alani o Juric no sirven para asociarse, Lachuer no ha funcionado, Ponceau debería estar más cerca del área, Meseguer se siente más cómodo como enlace y Maroto parece no convencer al técnico de inicio. Pero todo eso sobre la mesa y manejando la realidad económica y de mercado de este Valladolid, es necesario ir al segundo punto, pues la capacidad de lo que se tiene es limitada.

Chuki tiene una tundra (o llanura, o planicie, o desierto, lo que gustéis) a su espalda en cada acción, lo que supone una difícil carta a jugar para intentar tener dos líneas de presión fuertes (aquello del baile que os he contado) y, sobre todo, dudo bastante de los perfiles que se tienen para cuidar esa posesión.

Porque no olvidemos que tenerla no es dominar. El Real Valladolid es un equipo tendente a tenerla (séptimo en media de posesión de toda la competición), pero no consigue transformar esa posesión en acciones de gol. Para muestra, como se suele decir, un botón: con el 62% del balón ayer, el Real Valladolid no consiguió tirar ni una sola vez a portería.

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Miguel Ruiz

Colaboro en la Cadena SER y Revista Panenka. Además de como redactor en Blanquivioletas, ejerzo de analista táctico, ojeador profesional de fútbol y especialista en fútbol internacional, así como de comunicador en radio, televisión y redes sociales.

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