La ensoñación de la victoria ante el Ceuta no fue un chute de energía clave para que el Real Valladolid de Luis García Tevenet pudiera trasladar esas sensaciones al partido en casa. El duelo ante el Albacete fue malo, en un partido en el que el equipo pucelano no se sintió cómodo y con la sensación de que fallaron demasiadas cosas. A nivel individual, pocas cosas pueden destacarse que fueran clave para conseguir acercarse a la victoria, con un nuevo partido apático de los jugadores que volvieron a defender el escudo en una derrota en casa que alarga la espera de los pucelanos para volver a ganar en casa desde noviembre.
A pesar de todo y tras esta nueva derrota en el José Zorrilla, es preciso entender las claves, pero también los protagonistas. Es por ello que hago, como cada jornada, un nuevo repaso del último partido del Pucela para sacar los que para mí son mis tres favoritos de entre todos los participantes en esta última cita y derrota ante el Albacete Balompié en la Jornada 23 en el Estadio José Zorrilla: Chuki, David Torres y Hugo San.
Chuki, de lo poco destacable en creación
La verdad es que empieza a ser un monólogo el talento en el centro del campo. Si la semana pasada hablábamos de las virtudes de Chuki en el ataque del Real Valladolid, no es menos cierto que en el partido contra el Albacete parecía el mejor ubicado y capacitado para todo lo que fuera buscar oportunidades para el equipo blanquivioleta. El jugador vallisoletano, por momentos, es una isla en medio del Pacífico.

Una muestra compleja para que, por sí mismo, pueda sumar o causar efecto en un Valladolid mermado en lo creativo, apenas profundo y con síntomas claros de que la puntería no ha mejorado a pesar de que ahora, como todos podemos percibir, ni siquiera lo comprobamos. En todo el partido, Chuki fue la brújula hacia donde dirigir el juego, pero sin la fe de que, esta vez, pudiera conducir a alguna parte. A pesar de todo, las mejores opciones de los de Tevenet nacen de sus botas, bien desde las jugadas a balón parado (faltas o córner) o desde la decisión bien tomada de dar un pase en el último momento. Chuki sigue brillando, pero el Real Valladolid no.
David Torres sigue con la flechita para arriba
Igual hace un tiempo era más difícil que no me tacharan de loco tras un titular así, pero lo cierto es que hoy puedo decirlo con la cabeza bien alta: David Torres es desde hace unas semanas el mejor, sin discusión, del Real Valladolid. De un Pucela realmente decepcionante, sí, pero haciendo su trabajo a un ritmo y a un nivel que merece mucho la pena y del que se puede extraer que el central ha encontrado un espacio en el que sentirse cómodo.

Y esta vez no ha necesitado el peso singular de un compañero que lo asiente, pues lo que parecía controlado con Tomeo y desafortunado junto a Javi Sánchez, esta temporada se ha podido ver que no fluctúa con Ramón o Jaouab. David Torres ya nada solo. Es un central con capacidad para entender cómo y cuándo presionar, pelear en cada duelo y, sobre todo, corregir con capacidad y tino.
Siendo todo esto así, hay un componente más que parece vital en su forma de entender el fútbol y es que parece complicado pillarle mal ubicado o llegando tarde a su sitio. Su zona es difícilmente atacable y su cohesión con Guille Bueno, Iván Garriel y Hugo San han demostrado que manda y que tiene peso en este vestuario. Un crecimiento que merece la pena y que, sin duda, tiene mérito defender y reforzar en el gris nubarrón que es este Real Valladolid.
Hugo San sigue siendo una buena noticia
Quien pudiera pensar en que el amuleto era Hugo San, ya ha conseguido darse cuenta de que no lo era. A pesar de todo, su virtud como lateral izquierdo titular sigue casi intacta. Más allá de algún error de marca propiciado por la acumulación de jugadores o por la diferencia de velocidad de arranque con su par (medir mal la marca, por tanto), la verdad es que Hugo San está consiguiendo mostrar algo muy interesante. Y es que, por encima de que sea o no una apuesta segura para reforzar el lateral zurdo a la larga, el de Laguna de Duero ha conseguido ser regular, cometer pocos errores y tratar de defender correctamente más que brillar.

No meterse en charcos, vaya. Algo que no es sencillo aunque pueda parecerlo y que refuerza que la madurez con la que el lateral ha sabido entender el rol y el peso de jugar en Segunda División. Algo que, sin duda, va más allá de lo futbolístico y tiene mucho mérito. A la espera de ver si Tevenet sigue confiando en él o no, la ‘mili’ que ha pasado en el primer equipo ha sido, sin duda y en global, positiva.










